En la actualidad nos movemos muy rápido, todo es aquí y ahora, no hay término medio. Tenemos la información, el ocio y los contactos a un solo click y, consecuentemente, nos puede costar comprender que hay cuestiones que precisan de sosiego, dedicación, esfuerzo, paciencia y un proceso de ensayo y error.

En esta vorágine de prisa e incertidumbre, necesitamos calmar la educación, darle el reposo preciso para que el conocimiento deje poso en el fondo de las mentes de nuestros alumnos. Eso lo conseguiremos de dos modos fundamentales que se entrelazan entre sí: el uso de metodologías activas y la reflexión sobre el proceso de aprendizaje.

METODOLOGÍAS ACTIVAS

Por un lado, en primer lugar, necesitamos metodologías activas que impliquen que el estudiante sea el protagonista de su propio aprendizaje. Metodologías activas, como el Aprendizaje basado en Proyectos, el Aprendizaje Servicio o el Aprendizaje basado en Problemas, entre muchos otras, mediante las cuales los alumnos hacen, elaboran y crean. En estos contextos activos, los estudiantes colaboran para lograr solucionar un problema planteado o  para conseguir un producto final, sea este físico o abstracto.

 

Mediante el uso de estas metodologías, los alumnos aprenden unos de otros, cooperan, se escuchan y debaten, para crear conocimiento entre todos, construyendo su aprendizaje por medio de técnicas y recursos didácticos como pueden ser el aprendizaje cooperativo o el Microlearning activo.

APRENDIZAJE COOPERATIVO Y MICROLEARNING ACTIVO

El aprendizaje cooperativo suele ser pieza fundamental en todas las metodologías activas, contribuyendo al desarrollo de las competencias blandas o soft skills, consideradas como imprescindibles por muchos en la educación actual, así como en el mundo laboral. Estas habilidades incluyen, entre otras, el liderazgo, el trabajo en equipo, la escucha activa, la empatía, la solidaridad o el pensamiento crítico.

Por su parte, el Microlearning activo supone un paso más allá del Microaprendizaje, entendido en su forma tradicional como aprendizaje por medio de pequeñas píldoras. En el Microlearning activo son los alumnos los que construyen esas píldoras de conocimiento, para ellos mismos y para sus compañeros, bien sea de manera individual o colectiva.

METACOGNICIÓN, AUTONOMÍA Y AUTORREGULACIÓN

Y esto nos lleva al segundo punto: la reflexión, que no ha gozado de un gran prestigio en los últimos años, debido, precisamente, al ritmo de vida que llevamos. Sin embargo, creemos que es un elemento fundamental para calmar la educación y lograr un aprendizaje significativo.

La reflexión podría ser considerada como una competencia blanda más, la capacidad de hacernos conscientes de nuestro propio aprendizaje. En el entorno educativo estaríamos hablando de procesos de metacogniciónconectados también con la autonomía y con la autorregulación.

Igualmente, esta idea se encuentra vinculada de manera directa con el punto previamente planteado, relacionándose ambos entre sí, ya que una metodología activa bien desarrollada debe dejar espacio para la reflexión, tanto durante el propio proceso, como tras la finalización del  mismo.

LA EVALUACIÓN

Para dar sentido a todo lo anterior, en referencia a la evaluación, no hablaremos únicamente de heteroevaluación, sino que la autoevaluación y la coevaluación resultarán fundamentales para lograr que el estudiante llegue a entender por qué ha dado cada paso, para qué y cómo podría mejorar todo el proceso, entendiendo la evaluación, los errores y la retroalimentación como una parte dinámica y natural del proceso y no como un punto y final del mismo.

momento de reflexión de un niño en la distancia

De ese modo, el alumno será capaz, no solo de hacer un ejercicio de introspección y de autoconocimiento, sino también de compartirlo con sus compañeros mediante un diálogo constructivo y sosegado, que le permitirá expresar sus opiniones de modo adecuado y también recibir las de los demás con una actitud abierta y positiva, aprendiendo unos de otros.

Esa es la finalidad de la reflexión educativa de los alumnos, conducirles a una comprensión de todo el proceso y de su propio desarrollo de aprendizaje, contribuyendo, como decíamos, a facilitar ese paso tan necesario hoy en día hacia la formación de alumnos autónomos, capaces de seguir estudiando y aprendiendo durante toda su vida, así como escogiendo, en cada caso que se les presente, en cada problema o en cada contratiempo, la mejor solución, con inteligencia emocional, con actitud crítica y conociéndose a sí mismos.

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