A menudo nos preguntamos qué es la innovación en educación. En principio parece una respuesta obvia: la innovación es la resolución de los nuevos problemas con respuestas nuevas. Pero, ¿son los problemas, verdaderamente nuevos? Y las soluciones, ¿son nuevas?

Si leemos Aristóteles, nos encontraremos con la frase:

 “Educar la mente sin educar el corazón, no es educación en absoluto”.

No se puede decir que Aristóteles sea precisamente un neuroeducador contemporáneo nuestro, pero el problema de la gestión emocional es muy vigente. 

O el mismo Confucio, de una época y un contexto cultural bastante diferentes del nuestro, que dice:

“Aprender sin reflexionar es derrochar energía”

No creo que Confucio viviera en una sociedad tan acelerada y líquida como la nuestra, pero ya le preocupaba la prisa y la carencia de pensamiento crítico en la educación. 

Tampoco podemos decir que Benjamin Franklin hubiera leído a Dewey; quizás, más bien, fue al revés. Por eso nos suena bastante innovador cuando dice: 

“Dilo y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo”

Podríamos seguir, sin duda invocando autoridades educativas del pasado y nos sorprendería darnos cuenta cómo de antigua puede ser, la innovación. Así pues, si los problemas y las soluciones son antiguas, ¿qué es la innovación?

Probablemente me diréis que los medios educativos, en especial la tecnología, han cambiado y que la tecnología ha hecho cambiar el volumen de información disponible y esto ha determinado una forma de aprender diferente. Seguramente tendréis razón. Hay cambios notables y esto requiere de soluciones nuevas pero, ¿qué os sugiere la frase siguiente de Abraham Maslow?

“Cuando la única herramienta que tienes a mano es un martillo, cualquier problema empieza a parecerse a un clavo”. 

¿Adaptamos el problema a la tecnología o la tecnología al problema? Parece claro que si lo hacemos de la primera manera, nos estamos equivocando; la segunda, es mejor. 

Los problemas educativos siempre han existido y son reiterativos, porque el ser humano, afortunadamente, continúa siendo el ser humano. Pero los contextos cambian y todo se mueve. El tiempo no avanza nunca hacia atrás y todo se transforma dentro del cauce del río de la vida. Así pues, quedémonos con Francis Bacon, cuando proclama:

“Quién se niega a aplicar remedios nuevos, tiene que prepararse para afrontar nuevos males, porque el tiempo es el mayor innovador”.

Y si el tiempo es el mayor innovador, resulta que la innovación no es nada más que- permitidme una analogía culinaria- usar ingredientes y enseres nuevos en los viejos comederos, de manera que, sin desmerecer el sabor, añadan matices inesperados y deleitables.

Descubre nuestras novedades en el nuevo escenario educativo.

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