Es difícil poner suficientemente de relieve la importancia que el pedagogo francés Célestin Freinet (1896-1966) ha tenido para la pedagogía moderna. Muchas de sus estrategias y técnicas educativas forman parte del repertorio habitual de un gran número de escuelas alrededor del mundo; algunas de sus ideas, incluso a día de hoy, siguen siendo revolucionarias. Lo fundamental, en todo caso, es que Freinet propuso un modelo educativo que, siguiendo la estela de pedagogos como Maria Montessori u Ovide Décroly, ponía el alumno, y no el contenido y el temario, en el centro.

El trabajo y la obra de Célestin Freinet no pueden entenderse en profundidad sin tener en cuenta dos aspectos clave en su vida. El primero es su filiación política de izquierdas, y concretamente comunista (perteneció al Partido Comunista francés durante gran parte de su vida, aunque terminó rompiendo con él). Es preciso tener en cuenta que Freinet, además de educador, fue activista y sindicalista; en 1932, por ejemplo, creó una cooperativa de trabajadores para electrificar su pueblo natal, y en 1933 creó la Cooperativa de Enseñanza Laica de Francia. Su proyecto educativo, que él caracterizaba como una Escuela Popular, formaba parte de un proyecto social más amplio, y es en este sentido que debemos entender sus esfuerzos por dar valor a niños y niñas como sujetos autónomos, además de educarlos en la libertad de expresión, en la autonomía y en el diálogo. Para él, la enseñanza tenía por finalidad la postulación de una sociedad más justa

El segundo aspecto esencial de la vida de Célestin Freinet, más importante aún si cabe, es su matrimonio en 1926 con Élise Freinet (Élise Lagier-Bruno de soltera). Como él, Élise fue una pedagoga innovadora, y aunque Célestin ya había establecido las bases de su pedagogía antes de conocerla, fueron los dos quienes fundaron el movimiento Freinet. De hecho, las aportaciones de Élise fueron valiosísimas en el ámbito de la enseñanza artística (ya que, además de docente, Élise era artista) y de las ciencias naturales. Y todavía más: tras la muerte de Célestin, fue Élise quien se encargó de continuar con el legado de su marido hasta su muerte en 1983. No sería aventurado decir, por lo tanto, que el alcance del movimiento Freinet probablemente habría sido bastante menor sin el apoyo inestimable de Élise Freinet.

Esbozo biográfico

Célestin Freinet nació en un pequeño pueblo rural de los Alpes marítimos franceses, donde todavía niño tendría que trabajar como pastor. En 1913, con 17 años, ingresó en la Escuela Normal de maestros de Niza, pero con el estallido de la Gran Guerra del 14 fue movilizado, y en 1915 fue herido en el pecho. Esta herida lo obligaría a una larga convalecencia de 4 años y le provocaría en el futuro secuelas respiratorias que durarían el resto de su vida.

Freinet en clase

En 1920 obtiene un puesto de maestro en Bar-sur-Loup, y a raíz de sus preocupaciones sociales comienza a interesarse por modelos educativos diferentes del tradicional, asistiendo a congresos sobre la Escuela Nueva y empezando sobre todo a partir de 1923 a elaborar sus propias técnicas. Poco a poco va introduciendo algunos aspectos esenciales de su metodología, como la imprenta, la asamblea o el calendario de clase. Pero no será hasta su matrimonio con Élise en 1926 que las técnicas de Freinet tendrán un empujón definitivo. 

Tras un breve y fallido intento de continuar su propuesta pedagógica en Saint-Paul-de-Vence, donde no es bien acogido por sus ideas políticas, entre 1932 y 1935 consigue el apoyo de comunistas y de algunos amigos progresistas para fundar una escuela propia. En este centro, situado cerca de Vence y pensado principalmente para hijos de proletarios, el matrimonio Freinet podrá aplicar sus técnicas sin restricciones. Célestin y Élise construyen ellos mismos, con la ayuda de algunos jóvenes de la localidad, el edificio, de aulas grandes y con amplios ventanales, y una piscina bajo el arbolado del patio. En ella trabajarán durante los años por venir, y desde ella extenderán las virtudes de sus principios alrededor del mundo.

La pedagogía Freinet

Tres son los principios básicos que subyacen bajo la pedagogía de Célestin Freinet: la libertad de expresión, la vida cooperativa, y la realización y emancipación por medio del trabajo. Este último es, ciertamente, un pilar del pensamiento de Freinet. Tal como lo entiende Freinet, el trabajo no es ni debe ser una dinámica alienadora, sino al contrario, ha de estar ligado a la autorrealización del sujeto –el alumno, en este caso–. “El trabajo –decía Freinet en una entrevista– debe estar integrado en la vida”. Esta concepción del trabajo, junto con la libertad de expresión, dan sentido a las estrategias cooperativas de la escuela Freinet, tales como el periódico de la escuela, el aprendizaje por tanteo, los talleres o las asambleas escolares, entre otros.

Hay que apuntar que a Freinet no le gustaba hablar de teoría o de metodología, puesto que consideraba que las herramientas pedagógicas que manejaba eran técnicas o principios que daban buenos resultados, pero que no debían ser estáticos, sino adaptarse a las necesidades de cada grupo y de cada alumno. Lo primordial era establecer un contexto de aprendizaje significativo para los estudiantes y que conectara con su entorno inmediato, de tal modo que no existiera solución de continuidad entre la escuela y la vida. 

A continuación, repasamos algunas de estas “técnicas” postuladas por Célestin Freinet y que nos ofrecen todavía una valiosa lección de pedagogía.

El aprendizaje por tanteo

La experiencia educativa de Freinet está muy asociada a las escuelas rurales, y en este sentido cabe entender su invitación a salir fuera de la escuela y observar todo aquello que existe alrededor. Los Freinet defendían que el aprendizaje óptimo se da a través de la interacción del entorno, por lo que incitaban a los educandos a seguir los principios del método experimental. También en la misma dirección van algunas otras de sus iniciativas, como el huerto escolar o el cuidado de animales domésticos o de granja en la escuela. En sus habituales salidas al campo, si observaba que un alumno o alumna se interesaba por algún aspecto concreto, le pedía que lo investigara, que realizara un trabajo y posteriormente lo presentara ante sus compañeros y compañeras. El propósito era siempre trabajar a partir de los centros de interés de los estudiantes para conseguir un aprendizaje más significativo y una mayor implicación por parte del alumno.

Conocimientos aplicados

La escuela francesa de entreguerras defendía un método de enseñanza de la lectoescritura de tipo sintético, basado en la repetición de sonidos aglutinados para así formar sílabas y posteriormente palabras, y trabajando en general con textos ajenos a la realidad de los alumnos. Freinet, por contra, postulaba un tipo de enseñanza analítico: empezar por reconocer las palabras por su forma y en textos cercanos a la realidad del estudiante, y a partir de ahí aproximarse a la lengua por descomposición: ver qué sílabas y qué letras tiene la palabra, observar cómo se repiten en esta y aquella palabra, etc. De igual forma, las matemáticas deberían aprenderse a partir de casos reales (el cálculo de la extensión de un campo, el uso del dinero…), y la historia explicarse (o investigarse) a partir de los vestigios observados en el pueblo o de los testimonios de los mayores. El principio que hay detrás es siempre el mismo: avanzar de lo más concreto a lo más abstracto, y no al revés.

El texto libre

Freinet animaba a sus alumnos a crear textos de tema libre en los que reflejaran sus propias experiencias tanto en la escuela como fuera de ella, en los llamados “libros de vida”. La escritura (y el dibujo) se convertía en un ejercicio de creatividad, sin imposiciones externas y plenamente vinculado con el contexto social y cultural del niño. Posteriormente, les pedía a los niños leer estos textos en clase, y cada semana se elegían los que más gustaban. Los seleccionados eran sometidos a una revisión gramatical y de estilo conjunta, y una vez listos eran preparados para su publicación en el periódico escolar.

El periódico escolarEscuela Freinet

La prensa escolar es sin duda una de las más importantes y conocidas estrategias de Célestin Freinet. Con la incorporación en las escuelas de pequeñas imprentas manuales, Freinet pretendía dar voz a los alumnos al tiempo que desacralizaba la letra impresa como forma de autoridad. Los niños, en la escuela de Freinet, son también capaces de crear contenidos y de transmitir el conocimiento adquirido. La imprenta escolar tiene también, además, la virtud de realzar la dimensión comunicativa del aprendizaje y de convertir a los niños en partícipes en la construcción de su propio conocimiento, en vez de los receptores pasivos que tradicionalmente habían sido. 

El plan de trabajo

En la Escuela Freinet, el tiempo y el espacio eran variables más flexibles que en la enseñanza tradicional. El espacio cerrado de la clase con sus pesados pupitres y sus ventanas pequeñas fuera del alcance de los niños se convierte en un espacio abierto, luminoso, que suma a la clase propiamente dicha una serie de talleres donde los niños complementan su aprendizaje. De la misma manera, el tiempo no está dividido en parcelas diferenciadas y completamente independientes, sino que se intenta dar al aprendizaje un sentido holístico y más natural y fluido. En este sentido, una herramienta importante para Freinet es el plan de trabajo, un documento en el que cada semana los alumnos establecen su compromiso a realizar una serie de actividades (fichas, trabajos, lecturas) y en la que proponen iniciativas propias que consideran que pueden serles de utilidad para el aprendizaje. Por supuesto, el plan de trabajo requiere un consenso con el maestro o la maestra y su aprobación, pero aun así, constituye una muy interesante estrategia para reforzar la autonomía del alumno.

La cooperativa escolar

Para Célestin Freinet, la escuela recrea cualquier otra comunidad humana, en la que los miembros tienen deberes y responsabilidades. En este sentido, la creación de una cooperativa escolar traslada a los niños la organización y el mantenimiento de gran parte de las iniciativas escolares. La venta del periódico escolar, la realización de figuras en los talleres que después puedan venderse en mercadillos u otros proyectos similares, sufragan los gastos derivados del día a día en la escuela (por ejemplo, el papel de la imprenta). Se trata, fundamentalmente, de transmitir a alumnos y alumnas la idea de una sociedad humana que funciona en base a la colaboración y la cooperación. La cooperativa, además, se convierte en un campo de práctica ideal para aprender las matemáticas y lengua de manera práctica. 

Asambleas

Los problemas de los estudiantes se dirimen entre los propios estudiantes en un ejercicio de participación democrática por el que los niños se dotan a sí mismos de voz. En las aulas de la escuela, Freinet incluía un mural con tres columnas: “Critico, propongo, felicito”, en el que los niños podían escribir cuando quisieran, siempre y cuando sus declaraciones fueran firmadas. La asamblea se encargaba de revisar todas las quejas y propuestas semanales a fin de resolver posibles conflictos y de negociar con el profesor. La asamblea se convertía así en un órgano de mediación importante en la actividad educativa. 

Intercambio epistolar

Una de las culminaciones del método Freinet es la propuesta de un intercambio epistolar continuado entre los alumnos de distintos centros educativos. Con él, se da al estudiante la oportunidad de poner en valor aquello que lo rodea y que forma su contexto al explicarlo y transmitirlo a una persona ajena. Lo determinante es, una vez más, la dimensión comunicativa del modelo propuesto por el matrimonio Freinet. 

Vigencia de las técnicas de Freinet

¿Hasta qué punto sigue siendo vigente el legado de los Freinet en la actualidad? A priori podría parecer que sus estrategias, postuladas pensando básicamente en escuelas de pequeñas comunidades rurales, poco tienen que decir a la sociedad en esencia urbana en la que vive hoy la mayor parte de la población. Pero lo cierto es que muchas de las intuiciones que subyacen bajo los planteamientos de Célestin Freinet han sido verificadas por las ciencias de la educación y tienen un largo recorrido dentro de la investigación sobre la innovación pedagógica.

El papel del niño como sujeto activo en el proceso de construcción del conocimiento, el recurso al entorno (y a la naturaleza) como lugar fundamental de aprendizaje –con la defensa por ejemplo del huerto escolar–, o la reivindicación del trabajo y de la creatividad como elementos emancipadores del sujeto son aspectos ciertamente modernos de la enseñanza de Freinet que apenas ahora empiezan a reivindicarse en su justa medida.

Por último, otro aspecto interesante –y revolucionario en su momento– de la pedagogía de Freinet es su predisposición a introducir las nuevas tecnologías de la época en el aula. Freinet no solo dio un uso extenso a la imprenta portátil, sino que también se sirvió para sus clases de gramófonos, de radios, o incluso de proyectores cinematográficos. No tuvo reparos, pues, en incorporar los últimos avances tecnológicos a la educación, siempre y cuando la innovación no fuera solo aparente y pudiera beneficiar el aprendizaje de niños y niñas. Y todavía hoy, ya en pleno siglo XXI, su actitud plantea un debate interesante. Porque, en efecto, ordenadores e impresoras, internet o incluso los dispositivos móviles y las redes sociales pueden muy probablemente aportar los mismos beneficios que Freinet obtuvo con la imprenta –o incluso ampliarlos–. ¿Habría visto el pedagogo francés el potencial pedagógico de las nuevas tecnologías en el aula? Es difícil responder con seguridad a esta pregunta, aunque no debemos descartar en absoluto una respuesta afirmativa: al fin y al cabo, la naturaleza de estas tecnologías toca de pleno el nervio de esta dimensión comunicativa que él mismo tanto preconizaba. 

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