El año 2020 se han cumplido 100 años del nacimiento y 40 años de la muerte del gran pedagogo Gianni Rodari (1920-1980). En el blog de Vicens Vives, nos parece una buena ocasión para celebrar la figura de este imaginativo educador y continuar con él nuestra serie dedicada a grandes docentes, que empezamos hace unas semanas con nuestra entrada dedicada a Maria Montessori.

Si bien Rodari es conocido hoy principalmente como escritor, lo cierto es que fue, ante todo, un maestro comprometido con la causa educativa, y así lo prueba su labor y todos los testimonios que nos ha dejado. Fue un pionero de la nueva pedagogía de su tiempo, y sin duda una de sus cabezas más visibles en Italia. Escribió en numerosos periódicos y apareció a menudo en prensa o televisión, donde expuso sus convicciones respecto a la infancia, la relación de los adultos con los niños, y sobre todo la preeminencia de la fantasía como herramienta pedagógica.

Esbozo biográfico

Gianni Rodari provenía de una familia humilde, marcada por la temprana muerte del padre. Rodari se mostró desde muy joven tímido e introvertido, pero brillante y apasionado por el aprendizaje. Después de graduarse en magisterio, empezó a dar clases en escuelas, a menudo rurales. La situación de escasez durante la guerra lo llevó a pedir trabajo a la fascista Casa del Fascio, donde para conseguir un puesto como maestro lo obligaron a inscribirse al partido. Inscripción que en realidad fue puramente nominal y nunca por convencimiento, como prueba el hecho de que Rodari colaborara activamente incluso antes de este episodio.

Una vez finalizadas la guerra y la dictadura, Gianni Rodari se afilia al partido comunista, y a partir de ahí comienza una intensa etapa como periodista, ocupación que irá alternando con la de maestro y escritor. Colaborará con periódicos como el comunista L’Ordine Nuovo, L’Unità, el semanario juvenil Pioniere (que cofunda en 1950), Avanguardia, Paese Sera o Il giornale dei genitori (El Periódico de los Padres), que dirigió entre 1968 y 1977. 

En sus últimos años, ya como escritor consolidado, viajó por las escuelas de Italia manteniendo charlas con los niños e impartiendo formaciones docentes a los maestros de los centros.

Gianni Rodari y los niños

La pedagogía de Gianni Rodari podría describirse como una pedagogía militante que se inscribe en (y se convierte en centro de) un pensamiento social más amplio. Para Rodari, en un mundo cada vez más cambiante, los desencuentros culturales intergeneracionales y la incomprensión mutua son inevitables. Pero cuando estas se dan, advierte, es culpa de los adultos, que no han sido capaces de entender un mundo que cada vez es menos suyo y más de los jóvenes y niños. En este sentido una de los rasgos más constantes de su producción teórica, publicada fundamentalmente en prensa, es su decidida voluntad de ponerse siempre de parte de los niños.  Gianni Rodari con niños

La incapacidad de los adultos para entender a los niños (aunque algunos puedan lograrlo más que otros) se debe a menudo, según Rodari, a cierta nostalgia del pasado del propio pasado. Pero es absurdo, avisa, confrontar a los niños con un pasado que no es el suyo. En este sentido van por ejemplo sus célebres nueve reglas para hacer que los niños odien la lectura (Il giornale dei genitori, 1966): desde la ironía, Gianni Rodari denuncia que asegurar a los jóvenes que antes se leía más (algo que es estadísticamente falso) o bien menospreciar sus diversiones contemporáneas, como la televisión o los videojuegos, no solo abrirá más la brecha entre adultos y menores, sino que desde un punto de vista pedagógico será absolutamente improductivo (o peor aún, contraproductivo).

La potencialidad de la fantasía es tan preeminente entre los niños que condicionará todas sus diversiones. Rodari observa, por ejemplo, que mientras que para los adultos ver la televisión suele ser una acción pasiva, los niños tienden en cambio a alargar las historias que ven más allá del visionado mediante la imaginación y juegos inventados por ellos mismos. Su comprensión del mundo pasa por un lenguaje diferente del que usan los adultos, y cada vez más involucrado en lo audiovisual. Si quiere llegar a comprender este universo infantil, el adulto debe acercarse a los niños con la mente libre de prejuicios y con un gran esfuerzo de la fantasía.

La nueva y la vieja escuela

La brecha entre adultos y niños, insiste Rodari, debe superarse no solo dentro de la familia, sino muy especialmente en la escuela. El modelo de la escuela tradicional es un modelo que busca la homogeneización, algo contrario a la naturaleza humana y muy especialmente a la naturaleza del niño. Pupitres, aulas estáticas, niños callados mientras el maestro habla, ejercicios que carecen de sentido desde la perspectiva de los niños, pero que deben ser hechos porque así se lo ordenan los adultos… Todo ello son dejes de una concepción autoritaria y jerárquica del mundo que establece claramente quién manda y ordena, y quién debe simplemente obedecer. Pero en una sociedad que se quiere democrática este modelo carece de sentido.

Gianni Rodari era consciente de los cambios que se estaban produciendo en la escuela de su tiempo, dando más espacio al juego y a la fantasía. Pero el problema de fondo, según él, persistía, e incluso persiste aún hoy en gran parte: el error de entender la fantasía o la imaginación como algo contrapuesto a la lógica y al aprendizaje. Percibir los juegos como un descanso, como una pausa, a las actividades serias de aprendizaje es no comprender la naturaleza de la fantasía ni el funcionamiento de la mente infantil, que se sirve de ella a menudo para conocer mejor lo que la rodea. En el mundo real, y especialmente en el mundo de los niños, juego y lógica no se contraponen, sino que se complementan o hasta se entretejen sin fisuras.

La pedagogía según Gianni Rodari

La escuela tenía, según Rodari, un gran trabajo de renovación por delante. La enseñanza autoritaria que encarnó perfectamente la escuela fascista (en la que Rodari creció) debía  ser completamente abandonada en favor de una escuela que impulsara la educación del niño en toda su plenitud y en todas sus potencialidades, no solo en aquellas que interesaran al sistema educativo. Y el contenido curricular debía ser atentamente revisado, partiendo de la premisa de que el conocimiento no es un valor cuantitativo: no se trata de enseñar todo lo enseñable (cosa imposible) como de dar herramientas adecuadas para seguir aprendiendo en el futuro. Gianni Rodari en clase

En este sentido, Rodari fue un gran defensor del Movimiento de Cooperación Educativa (MCE), inspirada en el método Freinet. En el MCE “la escala de “valores escolares” tradicionales (notas, informe escolar, preguntas, disciplina, silencio, imitación individual, etc,) han ido perdiendo progresivamente todos sus peldaños podridos. Se imponen otros valores: la colaboración, la solidaridad, el placer de trabajar juntos, la actitud de búsqueda abierta sobre todos los aspectos de la realidad, la mentalidad científica” (Educación y pasión, Il giornale dei genitori, 1966). La escuela debe enseñar a los niños “a mirar y a criticar el mundo sin prejuicios y sin miedo”, transmitir pasión y sobre todo dotar a los alumnos de capacidad de revuelta ante las injusticias.

La escuela de la fantasía

Según Rodari, en definitiva, “la escuela de la atención y de la memoria ha agotado su tiempo, y se precisa una escuela en la que entren la creatividad y la imaginación” (“Scuola di Fantasia”, Riforma della Scuola, 1981). Y es a esta nueva escuela de la fantasía y de la creatividad que Gianni Rodari hace sus aportaciones prácticas y teóricas. 

Su texto sobre pedagogía más conocido es sin duda La gramática de la fantasía (1973). Aunque a priori podría parecer un manual para inventar historias, él mismo se encarga de señalar que es mucho más que eso. Se trata principalmente de un manual dirigido a docentes y padres que “ilustra algunas técnicas para inventar historias, pero va también a la búsqueda de criterios para leer las historias que inventan los niños, para entender qué han querido decir, para encontrar un sentido en lo que aparentemente no lo tiene (…) y para leer sus juegos, que son historias actuadas” (Riforma della Scuola, 1981). 

Todas las técnicas que explica en este texto, algunas de ellas célebres (como el famoso binomio fantástico, que consiste en plantear una pareja de conceptos aparentemente no relacionados entre sí como punto de partida para inventar una historia, como por ejemplo el par pájaro-bombilla, o cocodrilo-teatro) son por tanto, en última instancia, intentos de dar el salto hacia el imaginario infantil, de enseñar a los adultos a procurar entender a los más pequeños en vez de imponerles la manera en que según ellos deberían ser. Y una reivindicación, sobre todo, del mundo de los niños, con su fantasía y sus juegos, como un mundo pleno y completo en sí mismo, y no como mero eslabón para llegar a la edad adulta.

Para conocer más sobre la pedagogía de Rodari, os recomendamos ver en este vídeo cómo era un día en la escuela con Rodari. A pesar de la barrera lingüística, creemos que su valor documental es impagable para cualquier docente interesado en innovación pedagógica: 

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