Alguien dijo una vez: “Todo lo que soy lo aprendí en infantil”. Y es que esta etapa es clave en la formación de nuestra personalidad.

A menudo nos da por pensar en la gran responsabilidad que los maestros de infantil tenemos en nuestras manos, pues de manera consciente o inconsciente, creamos en nuestro alumnado una forma de pensamiento que les va a acompañar a lo largo de su vida escolar, familiar, social… y posiblemente durante el resto de sus días.

Si tuviéramos que enumerar las capacidades que deberíamos tener como maestros de esta etapa teniendo en cuenta que recibimos a unos niños y niñas que son como un libro que hay que empezar a escribir, serían muchísimas, pero… ¿y si tuviéramos que elegir las más importantes?

  • La primera de todas la estudiamos en la carrera en la asignatura de psicología. Se trata de la capacidad que tiene que tener un maestro para saber en qué momento madurativo se encuentra cada uno de sus alumnos, porque de ello va a depender su ritmo de aprendizaje. No es lo mismo una fruta que está empezando a madurar que otra que ya se ha caído del árbol.
  • Sin duda, nos encantaría a todos, tener la capacidad de asombro, asombrarnos nosotros al ser conscientes de lo que somos capaces y asombrar a nuestro alumnado todos los días. Cada uno de ellos con una historia diferente.
  • ¿Y acaso no es esta la capacidad de motivar? Es curioso cómo hay días en los que llevas la clase preparadísima y piensas que te les vas a meter en el bolsillo y no logras conectar, mientras otras veces, sin llevarlo tan seguro, conectas de tal manera que las cosas van rodadas. Lo más difícil de conseguir no es motivar para lo que en sí es atractivo, sino también para lo que no lo es, puesto que en la vida del aula hay unas actividades que llaman más la atención que otras y nuestro objetivo debe ser que con todo se disfrute.
  • También nos gustaría tener la capacidad de hacerles viajar con la imaginación hasta el punto de que a veces hasta se crean que de verdad han estado: en el espacio, en la antigua Roma, en la selva…
  • La capacidad de hacerles sentir bien e incluso mal, pues todos nuestros actos, aprendizajes, comportamientos y hasta las formas de hablar pueden ser positivas o no tan apropiadas como deberían. Y ese tipo de conductas tienen consecuencias que en ocasiones hay que recompensar con un refuerzo positivo y otras nos obligan a actuar con una modificación de conducta. Así ayudamos al niño y a la niña a aprender estrategias de empatía.

  • No deberíamos dejarnos en el tintero la capacidad de regular la autoestima de nuestros pequeños, consiguiendo un equilibrio que les ayude a ser felices, que les haga creer que son capaces de todo, que lo bueno de soñar, es que se puede conseguir o que cada vez estamos más cerca de hacerlo sin desistir en el empeño.
  • ¿Y qué hay de la capacidad de hacer que nuestro alumnado tolere sus pequeñas frustraciones? De acuerdo en que para los adultos son pequeñas, pero no debemos olvidar que para ellos hasta el hecho de que se rompa la punta del lapicero, es un mundo. Enseñándoles a tolerar estos pequeños desencantos, en la edad adulta aceptarán mejor los baches que la vida les ponga.
  • Inculcar el valor del esfuerzo, es fundamental en esta etapa para que en las venideras sean conscientes de que la recompensa a un esfuerzo siempre es mucho mejor que la falta de interés. Esta capacidad, es importante iniciarla en la etapa de infantil. Ojalá tuviéramos una varita mágica para poderlo hacer.
  • No menos importantes son: la capacidad de aprender a escuchar, o la de crear un clima de seguridad afectiva, o la de enseñar a gestionar a nuestros pequeños sus propias emociones, cosa que a veces es harto difícil, al igual que lo es superar retos o a conseguir metas… Son tantas y tantas las capacidades que como maestros de infantil nos gustaría tener… No hay duda de que nos encantaría ser “hombres y mujeres orquesta”.
  • Además hay muchas otras que por nuestra vocación “vienen de serie” pues somos: paños de lágrimas, pañuelos andantes, comodín de la llamada, botiquín que todo lo cura, sillón de abrazos, modelos de alta costura, top ten de belleza, asesores personales de las familias, abogados de causas perdidas, defensores del menor…

Si hay algo que tenemos claro es que un maestro de infantil, lo es desde que se levanta hasta que se acuesta. Que no todos los días son iguales ni se está igual, pero que nuestra profesión es vocacional y nuestra responsabilidad diaria es ayudar a nuestros pequeños a ser felices, a que tengan gusto por aprender y asegurarnos de que las bases que van a regular su forma de actuar en la vida sean firmes y sólidas. Así nos iremos a la cama con la sensación de haber realizado un buen trabajo y la seguridad de que al día siguiente, lo haremos mejor (o peor), pero siempre con la misma ilusión.

A todos los maestros y maestras de Educación Infantil, que en su día elegisteis una profesión preciosa, disfrutad del privilegio que tenemos al dedicarnos a ella.

Aurora Estébanez Estébanez

Maestra de Educación Infantil y Orientadora en los Equipos Psicopedagógicos del MEC. Premios por los trabajos: “La Globalización en Preescolar”, “De la Psicomotricidad a la Matemáticas” y “La creatividad en el Aula”.

Reconoce que después de haber publicado varios proyectos educativos para la etapa de Educación Infantil y actualmente coautora del proyecto infantil “Goguis” (Ed. Vicens Vives), su cabeza no deja de pensar en cuál será el siguiente.

 

Isabel Aguilar García

Maestra especializada en Educación Infantil y en Didáctica Musical.

Tutora de prácticum para la UVA. Coautora del proyecto infantil “Goguis” (Ed. Vicens Vives).

Reconoce que cada día se siente más ilusionada y feliz enseñando a los más pequeños.

 

 

Nohemí Rodríguez Vallejera

Maestra especialista en Educación Infantil y tutora de practicum para la UVA.

Coautora del blog de divulgación de educación. “Nuestra casita de infantil”.

Coautora del proyecto infantil “Goguis” (Ed. Vicens Vives). Maestra por vocación y afición, define su profesión como su hobbie preferido.

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