Este confinamiento nos llegó de forma abrupta sin tiempo para planificar cómo íbamos a relacionarnos, qué hacer para seguir con el curso, qué priorizar… De pronto, nos vimos relacionándonos con nuestros alumnos, con nuestros niños y niñas, a través de una pantalla. En el mejor de los casos.

Cuando pienso en los meses de confinamiento no puedo dejar de sentir angustia. Todos recordamos la desazón que produce escuchar a alumnos perdidos, algunos desaparecidos, otros sin saber cómo conectarse, ni cómo organizarse, demasiados sin destrezas para subir tareas a una plataforma. Plataforma que ha tenido que multiplicar su capacidad porque estaba pensada para el apoyo a la docencia presencial y, de la noche a la mañana, se convirtió en el único espacio de comunicación.

Y nosotros, sus profesores, aprendiendo a marchas forzadas, sintiendo cómo las horas se pasaban sin que acertáramos a organizar las respuestas, horas y horas y horas tratando de manejar una situación inédita para la que nadie estaba preparado. Tampoco nosotros.

¿Qué nos ha enseñado la pandemia? ¿Podemos extraer alguna enseñanza positiva?

Sabemos que el impacto emocional ha sido tremendo, todavía tenemos pocos estudios pero los que van apareciendo así lo muestran (Por ejemplo, el promovido recientemente por la UNESCO).

La primera y más relevante certeza que el confinamiento nos ha enseñado es la necesidad de la escuela, de la escuela presencial. Sabemos que el contacto con los iguales es insustituible, los niños han añorado a sus amigos, pero también a sus profesores. Nos ha sorprendido lo mucho que nos han echado de menos a nosotros, sus maestros. Y los alumnos han contestado el hastío hacia tareas escolares en ocasiones abrumadoras que han hecho que se sintieran desbordados, perdidos, solos. Especialmente los niños con más dificultades.

También nos hemos sentido así sus profesores, conscientes como nunca del poco sentido de muchas tareas, pero sin herramientas ni tiempo para pararnos a pensar. Porque el mundo se paró pero nosotros nos vimos metidos en la vorágine de un tornado que nos engullía, y nos arrastraba en su espiral sin rumbo. ábaco con rostro tapado de una alumna para ilustrar las enseñanzas de la pandemia

Después de muchas horas de conversación con compañeros, de participar en mil reuniones, en webinars para compartir inquietudes y pensar el futuro, personalmente centraría en dos las propuestas de futuro. Ni que decir tiene que cualquier propuesta pasa por contar con recursos humanos y materiales que las posibliliten.

  1. El equilibrio emocional, la base de todos los aprendizajes

La primera propuesta es, sin lugar a dudas, la de priorizar el acompañamiento emocional. Tejer redes de afecto que nos aseguren el cuidado de los alumnos, de sus familias y, también de los docentes.

Hemos de pensar estructuras organizativas que establezcan formas de garantizar el equilibrio emocional de todos. Una buena forma es dinamizando tutorías entre iguales con vertiente online. Desde hace más de ocho cursos coordino en mi instituto el Proyecto Pigmalión, un proyecto de tutoría entre iguales que trata de establecer redes de afecto entre los estudiantes, complicidades con sus profesores y, en definitiva, fomentar la cultura del cuidado en los centros. Ahora toca pensar cómo establecer esas formas de estar conectados, prever que todos tengamos a alguien que nos diga ¿qué tal? Y nos escuche.

El Plan de Acción Tutorial de cualquier centro debería adelantarse con acciones de cuidado, de acompañamiento emocional.

Esta enorme responsabilidad, esencial en cualquier centro educativo, no puede recaer solo ni prioritariamente en los tutores tan desbordados en esta pandemia, ni sobre los equipos de orientación o los equipos directivos. Hay que implicar a los alumnos, de todas las edades. Niños de 8 años que se interesan por los de 4, o alumnos de 15 que cuidan a los de 12. Y también a las familias.

Los primeros días del inicio de curso son un buen momento para planificar esas redes.

  1. El sintagma preposicional, ¿hasta cuándo?

La segunda prioridad es la de replantearnos qué aprenden nuestros alumnos. Qué es lo relevante, y, sobre todo, cómo despertamos en ellos la emoción de aprender.

Esta pandemia ha puesto de manifiesto lo obsoleto de una buena parte de los contenidos que se imparten en las aulas, en todas las etapas educativas. Ya he escrito en otros lugares que, en demasiadas ocasiones, las clases transcurren siguiendo esta secuencia: entramos en clase, saludamos (incluso con nuestra mejor sonrisa), pasamos lista, repasamos los deberes y corregimos las tareas, explicamos nueva materia con todo nuestro esfuerzo y poniendo el alma, ponemos ejemplos y resolvemos dudas, marcamos las tareas para la siguiente clase y nos despedimos. Todos a la vez. Todos lo mismo.

Cada día hay más docentes que trabajan por proyectos, al menos una semana al año, docentes que parten de lo que los alumnos saben, que ayudan a los niños a hacer y a hacerse preguntas, a investigar en fuentes fiables, a compartir lo que aprenden. A aprender con sentido.

Cada día somos más quienes sabemos que el tiempo es limitado, que aprender es aprender a profundizar, y despertar en nuestros alumnos la curiosidad, la pasión de aprender. Cada uno hasta donde llegue, caminado con otros. La inclusión es quizá el gran reto de este siglo y no puede haber inclusión si la secuencia de nuestras clases se repite con ese patrón aburrido y absurdo.

Así que quizá una buena idea sería que tratáramos de formarnos en Aprendizaje por proyectos y que pusiéramos la comprensión lectora en el núcleo de todos los aprendizajes.

Esta pandemia está poniendo el mundo patas arriba. Quizá sea el momento de soñar en una escuela que ponga el bienestar de las personas y el aprendizaje con sentido en el horizonte de sus anhelos.

Referencias

Eduforics: Aprendizaje basado en proyectos: un proyecto auténtico y real. Ver.

Pilar Pérez Esteve. Leer y comprender para crecer: 5 claves para ayudar a tus alumnos. Ver

UNESCO: Promoción del bienestar socioemocional de los niños y los jóvenes durante las crisis. Aquí.

Webinar organizada por el CEFIRE de Educación Inclusiva de la Comunidad Valenciana. Pensando en voz alta sobre la orientación y los nuevos escenarios educativos. Ver. Se puede seguir el vídeo y un resumen donde se concretan los aspectos más destacados de la conversación.

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