A menudo la tecnología es vista en el ámbito educativo con suspicacia y escepticismo, y juzgada como un elemento impersonal que desvirtúa las relaciones en el aula. Pero nada más lejos de la realidad. En verdad, la tecnología es una herramienta que ofrece magníficas oportunidades para humanizar la educación, haciendo de la escuela un espacio más personal, estrechando las relaciones entre estudiantes y docentes, estimulando el interés de los jóvenes y permitiendo un mejor seguimiento pedagógico por parte del profesor o profesora. 

Como con cualquier herramienta, todo dependerá de cómo la tecnología sea usada en clase, y de que este uso sea debidamente supervisado y monitoreado por el docente. La tecnología puede también, sin duda, tener desventajas; sin embargo, estos inconvenientes son proporcionalmente mínimos en comparación con los beneficios que presenta. En todo caso, una gestión adecuada de la clase sabrá reducir o evitar unos y maximizar los otros. 

En este artículo, te explicamos de qué maneras el uso de la tecnología en el aula puede humanizar la educación.

¿Cómo puede la tecnología humanizar la educación?

Ya hemos dicho, pero vale la pena subrayar, que no es el uso de la tecnología en sí mismo el que humaniza la educación, y que para lograr cumplir este objetivo es preciso que se den algunas otras condiciones. Con todo, lo cierto es que los recursos tecnológicos están siendo integrados cada vez más felizmente dentro de un nuevo paradigma educativo que pone al estudiante en el centro del proceso de aprendizaje, y que le otorga un papel activo en el mismo. 

En este sentido, la tecnología ofrece un interesantísimo instrumento para la individualización y personalización de la enseñanza. A continuación, te contamos algunas de las numerosas ventajas que esta nos brinda:

Rompe las dinámicas unidireccionales 

En la educación tradicional, la clase es concebida como un espacio de simple transmisión del conocimiento, en el que el alumno-receptor escucha atentamente al profesor o a la profesora, que vuelca su saber (o parte de su saber) en ellos. Los estudiantes intervienen solo muy puntualmente, cuando se les pregunta directamente. 

Sin embargo, en el nuevo modelo educativo, el aprendiente gana autonomía, convirtiéndose también en un agente activo, que investiga, descubre, explora y participa. En este sentido, la tecnología permite reforzar este proceso, ofreciendo numerosas oportunidades para dar al estudiante un papel más dinámico en la construcción de su aprendizaje. Podemos incitar al niño o adolescente a buscar la información de manera autónoma (y a juzgar críticamente su validez), a participar en foros, a crear nuevos contenidos (vídeos, pódcasts…), entre otras infinitas posibilidades.

En la medida en que refuerza la autonomía del estudiante y lo dignifica, la tecnología contribuye a humanizar la educación.  

Permite adaptar el ritmo de aprendizaje a cada alumno

Para todos aquellos estudiantes que presentan dificultades con alguna materia o con algún tema concreto, la tecnología deviene una ayuda inestimable. El uso de las TIC favorece que todos los alumnos, independientemente de su nivel, alcancen los mismos objetivos a su ritmo. Estrategias como la gamificación, o la presentación de los contenidos en forma de cápsulas de información (en formato vídeo, audio, por ejemplo), permiten que los estudiantes más desaventajados puedan dedicar el tiempo que necesiten a interiorizar los contenidos, repitiendo los ejercicios o consultando los recursos tantas veces como lo precisen. En este sentido, la Inteligencia Artificial puede aportar también un valor añadido al proceso, detectando cuáles son las necesidades de aprendizaje de cada alumno en función de su rendimiento y ofreciéndole los contenidos más adecuados a su nivel.

Por otro lado, el docente puede usar las herramientas tecnológicas para consultar las estadísticas sobre el desempeño y progreso de cada estudiante, y aprovechar esta información a la hora de organizar sus clases. 

Da voz a todos los alumnos

Dentro del esquema de la clase tradicional, las intervenciones de los alumnos estaban sujetos a muchos condicionantes. Generalmente, eran los aprendientes más aventajados y los menos tímidos los que se atrevían a intervenir en clase, beneficiándose así de una mayor atención por parte del docente y pudiendo sentirse más realizados en el aula. No obstante, como contrapartida, una gran parte de los estudiantes a menudo no llegaban a participar en la clase, no necesariamente por falta de interés, sino por timidez, por nervios o por miedo a equivocarse. Debido a ello, muchos de ellos no conseguían sentirse implicados con aquello que aprendían y se limitaban a desconectar.

Con el uso de las TIC, este inconveniente resulta mucho más fácil de superar. Las intervenciones de los alumnos no quedan restringidas al espacio del aula, y no implican una exposición tan drástica a sus compañeros. Se les puede inducir, por ejemplo, a responder en foros, dando su opinión o planteando aquellos aspectos que les causen más problemas, y podemos incluso invitar a los demás compañeros a contribuir en las respuestas y propiciar una mayor interacción entre ellos. Las discusiones se convierten así en un espacio en el que todos los estudiantes pueden participar activamente. De este modo, se establece una comunicación que no es únicamente vertical, ya que los intercambios se dan también en un plano horizontal, y logramos establecer una relación más humana entre los diferentes actores de la clase.

Facilita el trabajo en equipo: 

Aunque algunos piensen lo contrario, la tecnología puede mejorar sustancialmente el trabajo en equipo en la clase. Hoy en día disponemos de innumerables herramientas de las que carecíamos unos años atrás y que hacen mucho más fácil la colaboración dentro de un grupo de personas. Sin ir más lejos, las herramientas de trabajo en la nube, que permiten compartir los progresos en tiempo real, son un utensilio muy útil a la hora de plantear trabajos en equipo. Ahora bien, ¿significa eso que los estudiantes deben dejar de encontrarse físicamente para realizar estos trabajos? Por supuesto, la respuesta es no; pero, de nuevo, las TIC ofrecen un fantástico complemento a los formatos tradicionales.

De la misma manera, la gamificación o ludificación es un muy buen recurso para crear contextos colaborativos en el aula. Los aspectos lúdicos hacen del entorno de aprendizaje un entorno amable y ayudan a humanizar la educación. 

Permite recibir información más detallada acerca de los alumnos

Las tecnologías educativas ponen a disposición del docente numerosos mecanismos a través de los cuales podemos recoger información relativa a nuestros alumnos, así como de su percepción de la clase. Es una buena idea servirse de ellos para adaptar mejor nuestras clases a las necesidades de nuestros estudiantes. Recursos como encuestas, quizzes, herramientas autoevaluativas, tutorización online… son de gran utilidad a la hora de definir nuestra estrategia pedagógica y de conocer mejor a nuestros alumnos.

Da a los estudiantes la oportunidad de ser ellos mismos profesores

La tecnología también puede aprovecharse para dar a los estudiantes la oportunidad de explicar lo que han aprendido, algo que resulta muy útil para reforzar sus conocimientos. Invitarlos a realizar un vídeoblog sobre los contenidos del curso, o proponerles que desarrollen más a fondo alguno de los temas estudiados en formato vídeo o audio y después compartir estos materiales con sus compañeros es una magnífica manera de hacerles sentir que lo que están aprendiendo es importante y que ellos son los auténticos protagonistas de la clase

Prepara a los alumnos para el futuro

Las tecnologías de la información y la comunicación han venido para quedarse, y no hay duda de que tendrán un papel muy importante en la vida futura de nuestros niños y jóvenes, tal vez mayor incluso que ahora. Sin embargo, el hecho de haber nacido en la era tecnológica no hace de ellos necesariamente nativos digitales hábiles y responsables –antes lo contrario–

Por ello es importante que el sistema educativo pueda enseñar a los estudiantes el maravilloso potencial de la tecnología como herramienta para aprender, para resolver problemas reales y para mejorar el mundo. Educarlos, en definitiva, en un uso adecuado y amplio de la misma, que no los limite a ser consumidores pasivos sin espíritu crítico, sino usuarios creativos y conscientes de las enormes posibilidades de los útiles tecnológicos. 

En este sentido, la inclusión de las tecnologías en la escuela es un aspecto fundamental de esta formación. Introducirlas implica acompañar a los niños y adolescentes en sus primeros contactos con unos utensilios que formarán parte de su vida. Implica familiarizarlos con la tecnología como herramienta de trabajo, de investigación y de creación. Y por lo tanto, significa hacer de la escuela un lugar más humano y adaptado a nuestro tiempo. Porque humanizar la educación también significa brindar un conocimiento actualizado, útil y significativo para los estudiantes, que los ayude a desarrollar al máximo su potencial dentro del contexto en que les ha tocado vivir.  

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