Nuestra sociedad ha generado diferentes mitos alrededor de la creatividad (todavía muy difícil de acotar y que se utiliza en contextos muy diferentes), la neurociencia y la música. Uno de estos mitos es el del denominado “Efecto Mozart”. A pesar de ello, detrás de los mitos se esconde una realidad: la estrecha ligazón entre música y creatividad humana. Y, sobretodo, entre la práctica musical y el desarrollo cognitivo, social y emocional.

A finales de la década de 1950, Taylor definió los siguientes pasos para definir la creatividad: hay una exteriorización o expresión personal, hay producción, aparece una invención (a partir del encuentro de nuevas relaciones), con lo cual aparece una innovación y, finalmente, una emergencia o salto cualitativo. En nuestros días, se establece que para que haya creatividad es necesario que haya una preparación, seguida de una incubación, de lo cual surge una iluminación (o si utilizamos el lenguaje de la termodinámica no-lineal una catástrofe) que se asume mediante una verificación.

La creatividad no nace de golpe. Nace de un proceso, en el cual lo consciente y lo inconsciente, lo físico (corporal y cerebral) y lo mental, y lo lingüístico y lo autoconsciente se vinculan. Es transversal y es un proceso que nace de la incubación, de la amplitud de asociaciones (en el tiempo y en los ámbitos). También es una manera o estilo de pensar y de aprender. La creatividad, pues, no es mera impulsividad, transforma (como ya dijo Spearman en 1931) aquello de donde ha emergido, por ejemplo la consciencia, el lenguaje y el cerebro.

Para enlazar, finalmente, la creatividad con la música (y con el arte en general) debemos, antes que nada, hacer notar dos cuestiones primordiales:

  • En primer lugar, que el arte no educa: el arte humaniza (y la creatividad es un factor importante en el proceso evolutivo del homo sapiens y en la capacidad de discernir entre hominización y humanización).
  • En segundo lugar, que no hay ningún cerebro igual, que todavía desconocemos lo que sucede en el cerebro en relación a las altas funciones cognitivas y que el cerebro es, a diferencia de un ordenador, flexible y abierto.

Sin estas dos premisas, todo lo que podamos decir quedaría desdibujado.

montaje con una cara y una clave de sol en el cerebro para música y creatividad

Dicho esto, debemos decir que la creatividad es un hecho “normal” para el cerebro humano y que lo que hace falta es no desaprender a ser creativos (como suele pasar a lo largo del proceso educativo). Desarrollar un estilo de pensamiento y una mirada que cuestionen todas las cosas. Como dijo Picasso, aprender a pintar como un niño durante ochenta años. Para ello hace falta un constante placer en el aprender.

No en balde se ha dicho, que las artes plásticas y la práctica musical deberían ser asignaturas (o actividades) troncales en el proceso educativo desde los 4 años hasta la adolescencia.

Todo ello nos lleva a dos reflexiones finales:

  • La relación con el arte abstracto, por ejemplo, libera al cerebro de la dominación de la realidad (y con ello generar nuevas asociaciones). Que las artes plásticas permiten activar habilidades sociales, de abstracción, de control emocional, ejecutivas y lingüísticas. Y que la música es el arte más emocional de todos y el que activa más zonas del cerebro al mismo tiempo: la corteza visual (por ejemplo al imaginar o evocar cosas i recuerdos a partir de la música), la parte de control motor, la parte emocional o la parte ejecutiva. Se ha dicho que es la mejor gimnasia para el cerebro y, con ello, para la cognitividad.
  • A parte de que la música permita, por ejemplo, que los niños con TDAH puedan desarrollar aquellas partes de su cerebro que estaban menos desarrolladas, debemos apuntar que ciertos trastornos mentales (que no sean patológicos), como la bipolaridad, la esquizofrenia o la TDAH, han permitido avances creativos en el desarrollo del conocimiento y del arte. Ciertos síntomas de TDAH (hiperactividad atencional) han podido desarrollar capacidades para detectar nuevos estímulos en sus entornos; ciertos síntomas esquizofrénicos permiten situarse fuera de la realidad y desarrollar capacidades y miradas filosóficas y matemáticas; ciertos síntomas de autismo o de dislexia potencien capacidades cognitivas y artísticas;…

Por todo ello, pues, vemos la importancia de seguir trabajando en el conocimiento de lo que parecen contradicciones: por ejemplo la que se establece en la ligazón entre la creatividad y la locura; o entre las emociones y las razones (o inteligencia).

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