Los alumnos no leen salvo que se les ordene para una evaluación o se les motive diariamente en el aula y se les hable de la lectura con emoción y como el mayor descubrimiento de sí mismos. Y eso solo es posible en el día a día. Un recetario no sirve para nada.

De todas formas, si tuviera delante un grupo de profesores a los que les guste leer y quieran transmitir esa pasión a sus alumnos les daría una especie de Decálogo:

1.- Si te gusta leer y te has divertido leyendo, cuenta a tus alumnos tus experiencias con los libros, lo que descubriste y lo que te hizo mejor persona gracias a la lectura.

2.- Lee en voz alta todos los días a tus alumnos, al menos unos minutos. Transmite la emoción que sentiste con los textos que hayan sido importantes para ti y explícales por qué. Estos son unos momentos de intimidad impagables entre personas que disfrutan con la lectura.

3.- Haz que tus alumnos sientan esos momentos de lectura en voz alta como un regalo personal que les haces.

4.- Estimula a tus alumnos para que hagan lo mismo y lean en voz alta los poemas o fragmentos o canciones que hayan sido importantes en sus vidas. Anímalos a que expliquen por qué lo han sido. Deben sentirse como una colectividad que se regala mutuamente sus mejores experiencias lectoras y esto es un acto de generosidad. Además crea lazos afectivos. Pocas cosas unen más que compartir el descubrimiento, la belleza y la sabiduría.

5.- Dedica un día a la semana, a la quincena o al mes a hacer un libro-forum en clase de la obra que se está leyendo en clase en esas semanas. Debe ser una hora de convivencia relajada en la que el profesor plantea cuestiones esenciales de la obra y estimula a los alumnos con ideas provocativas para que los alumnos se las rebatan y den las suyas propias.

6.- En las clases debiera haber un “árbol de los libros”. Es muy fácil: se recorta un tronco de cartulina marrón y se pega en la pared opuesta a la pizarra. En sus ramas se pegan hojas hechas con cartulina verde claro o blanca con el nombre de los libros que se están leyendo o se leen durante el curso. 

También con citas o poemas o versos o fragmentos de especial belleza que los alumnos van añadiendo conforme los van descubriendo a lo largo del curso. En cada hoja aparecerá el nombre del alumno. Estas hojas de árbol las puede empezar el profesor con los fragmentos o poemas leídos en clase en voz alta ya señalados en el punto 2 y completadas con los poemas o fragmento de los alumnos del punto 4.

7.- Las clases dedicadas a la lectura en voz alta de textos o poemas pueden hacerse bajo el árbol de los libros dando la vuelta a la clase. Dependiendo de la edad de los alumnos, el profesor dará a esta clase un halo más o menos mágico, moderno, provocador. Va en gustos o posibilidades.

Lo importante es que el alumnado sienta que es un momento especial en el que damos entrada a un mundo distinto. Deben sentir que atraviesan la puerta del misterio y de la aventura del saber, de la diversión y de la belleza.

8.- Bajo el árbol de los libros, los niños o adolescentes tomarán la palabra individualmente para contar sus experiencias lectoras. En ese momento ellos son los protagonistas. Cada alumno se levanta de su sitio, se coloca bajo el árbol y se dirige a los demás en un ambiente de respeto y complicidad.

9.- Antiguamente los cuentos se contaban alrededor del fuego o junto al agua para impedir que los seres fantásticos que los poblaban pudieran salir de ellos y dañar a los que los escuchaban. También ayudaba una frase que hacía de llave de entrada y salida del mundo de la fantasía: “Érase una vez” y “Y fueron felices y comieron perdices”. Estos rituales centraban el espacio-tiempo y daban plenitud al momento mágico del cuento.

Nosotros podemos sustituirlos por una velita encendida, en el caso de que nos dejen, o una frase especial de entrada y salida a nuestra hora de lectura. Dependerá del centro escolar y de la fantasía del profesorado.

10.- Nunca transmitiremos algo que no sintamos. A los niños no podemos engañarlos, nos olfatean la pasión, el interés, el miedo o la desidia. No se enseña lo que no se conoce.

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