Las personas que se dedican a la educación tienen entre sus manos una de las profesiones más cautivadoras y enriquecedoras del mundo, pero a veces los obstáculos que se encuentran pueden minar el entusiasmo.

¿Cómo se puede mantener la pasión por una profesión como esta? Hemos querido pedir consejo a tres personas que nos pueden dar buenos consejos: María Acaso, Ignasi Casals y Neus Sanmartí. Estas son sus claves:

María Acaso

María Acaso

Conferenciante e investigadora en innovación educativa y disruptiva

Aprendiendo. Los docentes que mantienen altos los niveles de pasión por su trabajo, son aquellos que deciden dedicarse a la educación para seguir aprendiendo.

Investigando. Es de suma importancia ser reflexivos con nuestras prácticas y activar procesos de autocrítica que renueven las expectativas que tenemos sobre nosotros mismos y desde los que desarrollar procesos de innovación experimentales.

Transformando. La educación ha de ser una palanca para la transformación social. Entender las asignaturas que impartimos no como temas de estudio sino como campos de transformación social y visualizar la transformación que impulsamos, mantiene muy alta la pasión y la fuerza para seguir luchando.

Ignasi Casals

Ignasi Casals

Profesor y director de escuela durante más de 40 años y autor del libro Nascola, Experiències d'un mestre durant 40 anys a l'Escola Ginebró.

Lo que diré a continuación puede parecer una afirmación muy tópica y muy simplista, pero me parece que solo podemos enseñar con pasión cuando tenemos la misma pasión por aprender.

De entrada los mayores, saben más que los jóvenes. El maestre debe saber escuchar, y aprender también de los que le han precedido. ¿Por qué? Para poder transmitir aquello que está aprendiendo de los otros.

Enseñar aquello que te apasiona, enseñar despacio. Enseñar también aquello que tus alumnos esperan aprender. Si todo esto pasa, son los mismos alumnos los que te devuelven la energía.

Y, finalmente, para seguir cargando las pilas, hay que mirar a los ojos a los alumnos cuando están en clase y les estás explicando algo que les gusta. Cuando tienen prisa por llegar a casa y enseñárselo a las personas que ellos quieren, vas por el buen camino. Puede parecer una definición muy poética, pero es, para mí, la única definición.

Neus Sanmartí

Neus Sanmartí

Docente, química y especialista en didáctica de las ciencias

Una pregunta similar nos la planteamos hace años un grupo de docentes que siempre estábamos buscando cómo promover que nuestros alumnos se  enamoraran del conocimiento. Todos coincidimos que había sido clave compartir la primera etapa de ejercicio de la profesión con compañeros más expertos que tenían esa pasión. Había sido como una impronta que nos había marcado el camino.

Pero mantenerla exige volver a encontrar personas que el día que estás desanimado te inyectan una savia para volver a empezar, y con las que compartes unos valores, especialmente el de que todos tus alumnos pueden aprender si tu te replanteas cómo enseñas. Y si se buscan se encuentran.

Pero también es cierto que se necesita tener un carácter un poco aventurero, sin miedo a afrontar la incertidumbre y con una buena dosis de espíritu crítico, pero sabiendo gestionar las emociones negativas que siempre se van generando.

También te puede interesar el consejo de los expertos sobre cómo enseñar a pensar en las aulas o cómo se puede trabajar la pasión por las matemáticas.

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