Hoy, 7 de julio, se cumplen 101 años de la muerte de Arthur Conan Doyle, el creador del detective más famoso de la historia: Sherlock Holmes. Con este personaje, el escritor escocés impulsó de manera definitiva la literatura detectivesca y policíaca, y dio al mundo uno de sus mayores mitos modernos. A día de hoy, casi 135 años después de la primera aparición de Sherlock Holmes (en Estudio en escarlata, publicada en 1887), seguimos sintiendo fascinación por el personaje y por todo el género que Doyle contribuyó a fundar. Autores tan remarcables como Agatha Christie, Dashiell Hammett, William Irish o Patricia Highsmith, entre muchos otros, recogieron el testigo, y más tarde las series televisivas de misterio hicieron lo propio, sumando generaciones y generaciones de lectores y espectadores incondicionales. Pero ¿por qué nos atraen tanto los libros de detectives? Aprovechamos la efeméride para intentar responder a esta pregunta. 

¿Por qué nos atraen los libros de detectives?

Asesinatos y robos misteriosos, pistas que van encajando entre sí, una reunión de personajes variopintos que se convierten en sospechosos, revelaciones finales que dan sentido a los indicios previos… son algunos de los principales rasgos de los libros de detectives. Con variantes y actualizaciones, estas características están presentes desde los primeros relatos policíacos hasta las novelas y producciones audiovisuales más modernas. No obstante, ¿tanto dan de sí estos elementos para que la ficción detectivesca siga causando furor? ¿Qué es lo que esta tiene para poder capturar década tras década el interés de los lectores? A continuación damos algunas posibles respuestas:

1. La ficción policíaca activa la imaginación y la capacidad analítica 

En gran medida, los libros de detectives nos proponen rompecabezas a resolver, y en este sentido hay que poner en relieve, primero de todo, su gran capacidad para alimentar la imaginación y estimular al mismo tiempo la lógica. Igual que un puzzle, un crucigrama o un sudoku nos ofrecen pistas para resolver un problema, la novela negra o policíaca va mostrándonos progresivamente las diferentes evidencias que nos permitirán comprender finalmente la clave del misterio, y cerrar de este modo la gran incógnita de su argumento. Así, por ejemplo, en El misterio del cuarto amarillo (1907), de Gaston Leroux, se propone por primera vez un acertijo clásico dentro del género: el del asesinato cometido en una habitación cerrada. ¿Quién ha cometido el crimen? Y sobre todo, ¿cómo ha podido hacerlo? Este enigma reaparecerá con incontables variaciones y con soluciones diversas a lo largo de los años, pero siempre presentará un reto para el detective… y para el lector.

2. Admiramos la inteligencia del protagonista

Tanto si se trata del frío Sherlock Holmes, de la entrañable Miss Marple, del elegante y egocéntrico Hércules Poirot o del duro e irónico Samuel Spade, lo cierto es que nos maravillamos de la extraordinaria capacidad de observación de estos personajes y de su facilidad para sacar conclusiones de indicios que muy probablemente a nosotros se nos habrían escapado. El propio Sherlock Holmes suele hacer exhibición ante Watson y ante sus clientes de sus portentosas dotes lógicas antes de abordar cada caso. Así, por ejemplo, al comienzo de El sabueso de los Baskerville, observando un simple bastón, Holmes es capaz de deducir la profesión de su propietario, su edad, su carácter… ¡y hasta que tiene perro! Como Watson, no podemos dejar de asombrarnos ante su ingenio y ante un talento que, secretamente, querríamos para nosotros.Imagen del libro El sabueso de los Baskerville

3. Soñamos poder resolver el enigma… pero desde la seguridad de nuestra casa

Ligado con lo dicho anteriormente, uno de los puntos fuertes de los libros de detectives es su habilidad para involucrarnos en la resolución del problema. Así como para el detective la solución del caso es un desafío, para nosotros el reto es seguir los pasos del detective y poder llegar acaso a las mismas conclusiones que él, adivinando cómo encajan en la respuesta final las pistas que se nos han ido dando. Por supuesto, el relato suele tener truco, y a veces no se nos da toda la información necesaria para llegar a una conclusión infalible. Pero esto no nos impide fantasear con la identidad del culpable, imaginar sus motivos y su método, y andar tras sus huellas… desde la comodidad de nuestra butaca preferida y sin correr ningún riesgo ni sufrir las molestias de los protagonistas.

4. Son historias trepidantes

Imagen del libro La ratoneraCuando tenemos un relato policial entre las manos, es difícil dejar el libro hasta que llegamos al final. Ciertamente, los autores de libros de detectives saben a la perfección qué fórmulas aplicar para retener la atención de sus lectores y convertirlas en historias llenas de acción y con un sólido ritmo narrativo. El motor del que se valen es principalmente la curiosidad: el protagonista parece haber llegado a un callejón sin salida… ¿cómo seguirá el relato? O bien: ¿quién es este personaje misterioso? ¿Cómo escapará el detective de esta situación? ¿Habrá más víctimas?… A ello cabe sumar la sensación de peligro y la tensión que los autores tan bien saben provocar. Un ejemplo magistral nos lo ofrece Agatha Christie en su clásico La ratonera, célebre obra de teatro que presenta otra premisa habitual dentro del género: ocho personas atrapadas en una casa de huéspedes a causa a la nieve, entre las cuales figuran una víctima, un asesino, y la amenaza de otro homicidio. ¿Qué harán los demás huéspedes, sabiendo que han de compartir techo con un asesino? ¿Descubrirán la identidad del malhechor?

5. Y por último… nos divierten

Pues sí, así de simple. Los libros de detectives nos enganchan, estimulan nuestra curiosidad, nos plantean situaciones rocambolescas y nos desafían a encontrar la respuesta correcta. Y todo esto nos divierte. Queremos saber más sobre el crimen, saber qué pistas serán decisivas para descifrar el enigma. Quizá un mensaje secreto que hay que desencriptar, un personaje sospechoso que hay que seguir o un objeto que no es lo que parece. Las variaciones son infinitas. Lo que se mide aquí no es solo el ingenio del detective, sino el del escritor a la hora crear esta maraña de hechos que luego hay que poder ensamblar, y también nuestra propia destreza para seguirle el paso. No importa si las situaciones propuestas son extravagantes o inverosímiles, con tal de que sirvan para construirnos este mundo de fantasía en el que podemos acompañar en sus aventuras a Sherlock Holmes, a Miss Marple o a Auguste Dupin. La literatura policíaca es, sin duda, literatura de evasión; pero evasión entendida en el sentido más noble de la palabra. 

¿Y a ti, qué autores de novela negra te gustan más? ¡Cuéntanoslo en los comentarios!

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