Desde su popularización en los años 70 y 80, los videojuegos han conllevado una transformación vertiginosa y muy significativa en los hábitos de ocio de gran parte de la población, y muy especialmente de niños y adolescentes. Debido a ello, durante mucho tiempo muchas familias y docentes los han percibido como una influencia negativa para los menores, que podían apartarlos de los estudios y de la socialización. Esta es, de hecho, una concepción tan arraigada que todavía perdura hoy en gran parte del mundo educativo. 

Sin embargo, cada vez son más los estudios que prueban los beneficios de los videojuegos en el desarrollo cognitivo y social de los niños y jóvenes, siempre y cuando su uso sea supervisado por un adulto y administrado con medida y de forma responsable. Al fin y al cabo, a diferencia de otras formas de entretenimiento como la televisión, el cine o el teatro, que precedieron los videojuegos, estos constituyen una forma de entretenimiento en la que el sujeto abandona su rol pasivo y adopta una actitud activa y participativa ante lo que ve. Lo cual abre, si lo pensamos bien, un mundo de posibilidades muy interesantes para los educadores. En este artículo, nos proponemos explicar qué efectos positivos pueden tener los videojuegos en los estudiantes y cómo estos pueden ser usados de tal manera que se conviertan en un buen aliado para el docente. 

Beneficios de los videojuegos para el desarrollo de niños y adolescentes     

Vivimos inmersos en una sociedad digital, en la que la tecnología evoluciona con gran rapidez, y no hay duda de que los videojuegos forman parte de este nuevo contexto cultural. En este sentido, los videojuegos suponen para los jóvenes una muy buena puerta de entrada a la nueva cultura digital, contribuyendo a su alfabetización digital y permitiéndoles familiarizarse con entornos virtuales diversos, aprendiendo a entender y manejar las reglas que les son propias. 

Pero existen, además, otros numerosos aspectos positivos del uso de videojuegos de cara al desarrollo de habilidades y competencias personales. Estos beneficios son diversos en función del juego y del género al que pertenezca, pero las principales de ellas son las siguientes: 

Desarrollo de las habilidad motrices y visomotrices: La rapidez de respuesta es un elemento fundamental en un gran número de videojuegos, y en este sentido, estos juegos pueden ayudar a potenciar habilidades como la agilidad mental o la rapidez en la toma de decisiones, y reforzar la conexión cerebro-mano.

Aumento de la concentración: Al contrario de lo que se suele pensar, los videojuegos contribuyen a un aumento de la concentración, debido a que el niño debe aprender a estar atento a todo lo que ocurre en la pantalla a fin de poder dar una respuesta lo más eficaz posible. 

Potenciación de las habilidades cognitivas: Según diversas investigaciones, los videojuegos refuerzan el desarrollo de capacidades como la memoria, la orientación espacial o la lógica.

Favorecen el buen funcionamiento del pensamiento superior: El uso de videojuegos en las etapas de formación tiene también ventajas a la hora de afinar las habilidades de pensamiento superior, tales como la planificación, el pensamiento estratégico, la resolución de problemas, el pensamiento creativo, el análisis de situaciones o el establecimiento de conexiones causales. En caso de tratarse de videojuegos colaborativos, por otro lado, también permiten aprender la importancia de la cooperación y del trabajo en equipo.

Son un foco de aprendizaje intrínsecamente motivado: Desde hace años, los psicólogos estudian los videojuegos como modelo de aprendizaje ligado por defecto a la motivación interna. La autosatisfacción es un elemento fundamental en los videojuegos, y está muy ligado a la autoestima. Actualmente, las diversas técnicas usadas en los videojuegos para conseguir la implicación de los jugadores –tales como el uso de la curiosidad, del desafío, etc.– son tomadas en cuenta por las principales corrientes motivacionales.

Los videojuegos educativos  

Justamente por su valor motivacional intrínseco, los videojuegos encierran un gran potencial educativo, potencial que justo ahora empieza a explorarse. Aunque los videojuegos, para ser útiles, no tienen por qué encajar con unos contenidos curriculares determinados, sino que pueden servir simplemente para trabajar habilidades como las antes referidas (agilidad mental, planificación, etc.), también es posible servirse de ellos en el marco de una asignatura en concreto. 

En este sentido, existen dos posibilidades igualmente interesantes. Pueden usarse, por un lado, videojuegos educativos, diseñados expresamente para contribuir al aprendizaje de los jóvenes. Un fantástico ejemplo de ello es la colección de juegos para aprender matemáticas que Mangahigh propone, diseñados conjuntamente por Marcus du Sautoy, profesor de Oxford y reconocido divulgador matemático, y Toby Rowland, creador de Candy Crush. Estos juegos se sirven de un diseño atractivo, de un estimulante sistema de premios y recompensas y de la inteligencia artificial para propiciar una mejor experiencia de aprendizaje para los niños.

Asimismo, otros juegos educativos abordan aspectos más relacionados con la ética y los valores humanos, como en el caso de Food Force, un emblemático juego impulsado en 2005 por el Programa Mundial de Alimentos (PAM) de la ONU. En él, el jugador es el encargado de la distribución de alimentos en zonas afectadas por la hambruna, favoreciendo la cooperación, la sensibilidad con los problemas sociales y, al mismo tiempo, el pensamiento estratégico. 

Usar los videojuegos en clase

En segundo lugar, también existe la opción de usar en clase videojuegos ya existentes, dándoles una dimensión educativa a través del acercamiento que hagamos a ellos. Los ejemplos, en este ámbito, también son numerosos. Algunos especialistas defienden, por ejemplo, el uso de juegos de estrategia o ambientados en otras épocas para aprender historia. La posibilidad de una reflexión histórica contrafactual o de una experiencia inmersiva caminando por el antiguo Egipto puede ser un complemento perfecto al aprendizaje de fechas y hechos históricos. 

En algunos casos, son los propios diseñadores de videojuegos los que ofrecen la posibilidad de sacar provecho de los recursos que ofrece su producto. Es el caso, por ejemplo, del popular juego Minecraft, que en 2016 sacó a la luz su versión educativa. Esta plataforma ofrece al profesor, si quiere dedicarle el tiempo, numerosos recursos para abordar disciplinas tan diferentes como la biología o la literatura de una manera atractiva para los alumnos y capaz de implicarlos activamente en el proceso de aprendizaje. 

El videojuego como herramienta educativa

Los videojuegos son un recurso con infinitas posibilidades en el ámbito de la enseñanza, que no habría que desdeñar. Además, no hay duda de que los videojuegos forman parte de la realidad de nuestros niños y jóvenes e incluso de la de muchos adultos, y que cada vez estarán más presente en nuestras vidas. En este sentido, la escuela no puede quedarse al margen de este proceso de digitalización. 

Ahora bien, no hay que olvidar que los videojuegos son, en todo caso, un instrumento más, del que podemos hacer uso junto a tantos otros. Tampoco hay que perder de vista su carácter potencialmente adictivo, especialmente sensible entre los niños y adolescentes. Por ello, es importante que el acercamiento a los videojuegos se haga con prudencia, sin abusar de ellos y manteniendo siempre una supervisión responsable de su uso. 

Sin embargo, esto considerado, es importante no temer a esta nueva y fecunda forma de lenguaje audiovisual, y ver qué puede aportarnos como docentes, teniendo en cuenta que se trata de una interesante y atractiva vía de acercamiento a los niños

Obviar la existencia de la cultura digital en la que viven inmersos los niños, o lamentarla como un mal inevitable puede ser un error. Cuanto más porque el hecho de que giremos la vista no hará que los niños y adolescentes dejen de jugar. Si su acercamiento a los videojuegos es naturalizado y pasa a formar parte de su educación, será mucho más fácil que los estudiantes lleguen a tener una perspectiva más crítica, elaborada y reflexiva sobre aquello a lo que están jugando, y sobre el hecho de jugar en sí mismo.

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