La palabra «filosofía» significa, literalmente, amor al saber. La filosofía es la interrogación continua, el deseo de saber más, de conocer lo que nos rodea, sin conformarse con dar nada por supuesto. En este sentido, probablemente no sea una exageración afirmar que los niños son, a su manera, filósofos por naturaleza, insaciables en su búsqueda de respuestas y en su actitud inquisitiva. 

Filosofía para niños

Aunque a menudo se piense en la filosofía como en una disciplina abstracta y oscura, la verdad es que el simple hecho de preguntarnos el porqué de las cosas o por cómo estas funcionan ya es, en sí mismo, un ejercicio de filosofía. Y, sin duda, nadie sabe hacer esto mejor que los niños. Cualquiera que tenga contacto con ellos sabe que su capacidad para plantear preguntas y para asombrarse es inagotable.

Esta curiosidad es una mina de oro que vale la pena explotar si queremos formar ciudadanos con sentido crítico y herramientas para razonar y argumentar sus ideas. Por ello, y aprovechando que mañana, 18 de noviembre, es el Día Mundial de la Filosofía, te proponemos algunas interesantes ideas para llevar la filosofía a tu clase de primaria. ¡Esperamos que te sean útiles! 

Llevar la filosofía a las aulas de primaria

La mejor manera de introducir la filosofía en las escuelas es incitando a los niños a articular sus inquietudes, a observar el mundo, a formular preguntas y a investigar las respuestas. Pero hay miles de actividades que pueden ayudarnos a hacerlo de una manera pautada y más didáctica. Aquí te proponemos algunas de ellas: 

Ética y valores: La lista de derechos

La filosofía está muy ligada a los valores éticos y a los derechos humanos, cuyo aprendizaje es especialmente importante en la educación primaria. Los valores cívicos no solo son la base de la democracia, sino que también hacen posible la convivencia en cualquier grupo de personas. Aprender qué son los derechos humanos dará a niñas y niños herramientas para reconocer la injusticia cuando la vean y así poder rechazarla. Por ello, trabajarlos en clase nos ofrece una oportunidad única para desarrollar la empatía, la solidaridad y el razonamiento abstracto. 

Los valores éticos pueden abordarse de muchas maneras. Hacer que los niños sean conscientes de la importancia de los derechos a partir de su propia experiencia resulta especialmente interesante. Una actividad ideal para ello es “la lista de derechos”. Para llevarla a cabo, daremos a los estudiantes una hoja con una lista de derechos, algunos de ellos fundamentales (“derecho a tener una casa”, “derecho a la comida”, “derecho a jugar”) y otros no tan imprescindibles o incluso cuestionables (“derecho a dejar la habitación desordenada”, “derecho a no comer verduras”, “derecho a viajar al extranjero durante las vacaciones”). Les explicaremos que hemos hecho esta propuesta de derechos al gobierno, pero que nos dicen que la lista es demasiado larga, y que debemos recortarla. Les pediremos que quiten de la lista los cinco derechos que consideren menos importantes. Repetiremos el ejercicio unas tres veces, hasta que queden solo los derechos más esenciales. 

Cuando hayamos reducido la lista a los derechos más esenciales, plantearemos preguntas para hacer reflexionar a los niños sobre su decisión: ¿por qué han dejado estos derechos y han prescindido de los otros? ¿Coinciden los derechos con los que estipula la carta de los Derechos de los Niños? ¿Por qué consideran que son importantes estos derechos? ¿Piensan que los adultos deben tener los mismos derechos, o hay diferencias?

El objetivo de la actividad es hacerles tomar consciencia de la importancia de los Derechos Humanos y de los Niños como herramienta para lograr una igualdad y una justicia universales mínimas. Al mismo tiempo, los lleva a aplicar el razonamiento para definir prioridades en aspectos que les tocan a ellos y a otros individuos. 

Testimonios

Otra manera de plantear cuestiones éticas relacionadas con la filosofía es abrir un debate a partir de un testimonio. Los testimonios pueden ser inventados o bien reales, en formato escrito o bien en formato vídeo, y lo preferible es que sean de niños o niñas de aproximadamente su edad. Lo importante, en este caso, es plantear las preguntas adecuadas para encauzar la sensibilidad de los alumnos de manera que aprecien diferencias entre estos testimonios y su propia situación.

Podemos, por ejemplo, plantear la rutina de dos niños en dos países, uno en nuestro país, y otro en un país en guerra o empobrecido. En este caso podríamos preguntar, por ejemplo, qué diferencias encuentran entre las dos rutinas, qué piensan que es lo que va mal, qué creen que podría o debería hacerse para mejorar la situación, etc. 

Diálogo con uno mismo

Esta actividad reúne aspectos de la filosofía y de la psicología, y resulta un muy buen ejercicio para trabajar la argumentación, además de la racionalización de los conflictos. Para ejecutarla, pediremos a los alumnos y alumnas que dividan una hoja en dos columnas o mitades. En un lado escribirán un problema de su vida cotidiana (por ejemplo, “Estoy enfadado con mi padre”). La actividad consiste en plantear un diálogo consigo mismo en base a preguntas causales del tipo “¿Por qué…?”, definiendo una cadena de preguntas y respuestas que les obligue a justificar su postura (–«¿Por qué estás enfadado con él?» – «Estoy enfadado con él porque me obliga a comer brócoli» – «¿Por qué no quieres comer brócoli?», etc.). Debemos indicarles expresamente que las respuestas «Porque sí» o «Porque no» no son válidas. Al final, los alumnos estarán más atentos en buscar las respuestas que en el conflicto en sí, lo que de paso les ayudará a relativizarlo. 

Literatura, cine, arte… y filosofía

Un cuadro, una película o un libro pueden ser un buen punto de partida para hablar de valores y plantear interesantes cuestiones filosóficas.  El secreto, una vez más, es saber hacer las preguntas adecuadas para que los estudiantes hagan sus propias conjeturas y saquen sus propias conclusiones

Una película como Billy Elliot, por ejemplo, puede ayudarnos a plantear el tema de los estereotipos de género, mientras que otra como Coco puede dar lugar a reflexiones sobre los sueños, la amistad, los recuerdos o la muerte. Por su parte, un cuento como «El gigante egoísta» nos permiten hablar de la riqueza y de la pobreza o de la generosidad, y un libro como La ciudad de los lobos azules, en el que se cuenta el revuelo causado por la llegada de un lobo rojo a esta ciudad monocolor, sugiere un debate fecundo sobre el hecho de ser diferente. 

También el arte pictórico ofrece innumerables posibilidades: cuadros como Triste herencia, de Joaquín Sorolla (que muestra un baño en la playa de un grupo de niños tullidos) puede servirnos por ejemplo para hablar de las discapacidades. Podemos preguntarles a los estudiantes si conocen alguna persona en una situación similar a la de los niños del cuadro (que van con muletas); podemos pedirles también que imaginen el día a día de estos niños y qué problemas pueden encontrarse, y preguntarles qué podría hacerse para hacer su vida más fácil.

Sea a través de un cuadro, de un libro o de una película, el objetivo de la actividad es ayudar a los niños a pensar de manera abstracta, y a abrir los ojos a realidades distintas a la suya. Esta es, sin duda, una importante puerta de entrada a la filosofía.

Preguntas a un experto

Con esta actividad planteamos un role play que refuerza la dialéctica de la pregunta sobre la que se construye la filosofía. La actividad permite diferentes variaciones: se puede jugar tanto en parejas, como dividiendo la clase en dos grupos, o bien con toda la clase dispuesta en círculo y con la ayuda de una pelota para marcar los turnos. 

La idea es la siguiente: un alumno o grupo asume el rol del experto, mientras que el otro estudiante o grupo de estudiantes se convierten en los preguntadores. Los preguntadores siempre querrán saber el por qué de las cosas, así que los expertos tendrán que explicárselas. Si no la saben, pueden elucubrar o incluso inventárselas (esta modalidad supone un interesante ejercicio de imaginación). Los preguntadores deben intentar llegar a las últimas consecuencias de sus dudas, definiendo así una cadena de preguntas y respuestas lo más larga posible. 

Así, por ejemplo, si el preguntador pregunta «¿Por qué llueve?», el experto puede repsonder: «Porque hay nubes». El preguntador debe estirar el hilo del interrogatorio tanto como sea posible: «¿Por qué hay nubes?» – «Porque el agua se evapora», etc.

Con esta actividad, los niños podrán darse cuenta de cuántos interrogantes fascinantes hay en el mundo y esperan ser respondidos. Y esta, como decíamos, es la base de toda filosofía.

Una lluvia de preguntas

Una buena manera de introducir la filosofía en el aula de primaria es a través de preguntas genéricas que sirvan de motriz para que los pequeños planteen sus propias cuestiones. Es esta una forma de encauzar su curiosidad y abrirla a la discusión y al debate. Podemos, digamos, plantear una pregunta abstracta del tipo “¿Qué es la belleza?”, y a partir de ahí recoger en la pizarra, mediante una lluvia de ideas, sus propias preguntas relacionadas con esta primera pregunta. 

Es importante subrayar que lo que buscamos no son respuestas, sino estas otras cuestiones que nos llevan a una reflexión más profunda, y que no siempre tienen necesariamente respuesta. En el caso que planteamos, por ejemplo, podríamos invitar a los niños a pensar cuestiones del tipo: «¿Cuál es la cosa más bonita del mundo?», «¿Es más bonito el color verde o el azul?», «¿Por qué es tan bonita la primavera?», «¿Todos encontramos bonitas las mismas cosas?», etc. También podemos animarlos a formular preguntas hipotéticas: «Si un extraterrestre llegase a nuestro planeta, ¿encontraría bonito lo mismo que nosotros?», etc. Uno de los propósitos de la actividad es apreciar cómo algunas preguntas son bastante fáciles de responder, pero que otras son más complejas o bien no sabemos la respuesta

Si en un principio las preguntas no salen de forma espontánea, podemos guiar a los alumnos haciendo nosotros preguntas y convirtiendo sus respuestas en nuevas preguntas. ¡Cuando vean todas las ideas que van surgiendo, es muy probable que se animen a expresar las suyas propias! Si queremos, después podemos plantearles hacer el mismo ejercicio con otras preguntas, y hacer un mural con sus respuestas. 

¡Esperamos que estas actividades para introducir la filosofía en el aula de primaria te sean útiles! Y si tienes otras actividades o ideas que usas en tus clases para acercar a los niños a la filosofía, nos encantará leerlas en los comentarios.  

Si te ha interesado este artículo, no te pierdas 3 filósofos que han influido en la educación, Arte y filosofía. Una propuesta con Gauguin y 6 visiones de la educación para celebrar el día de la filosofía.

Compartir:
FacebookTwitterLinkedIn

Sin Comentarios

DEJA TU COMENTARIO

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *