No hay un alumno igual a otro. Esta premisa sobrevuela las aulas de todos los centros educativos y es que la diversidad en el aula, en distinto grado, está presente en todos y cada uno de ellos.

¿Cómo abordarla? ¿Cómo atender y personalizar la educación de cada alumno para potenciar sus habilidades? Hemos trasladado esta cuestión a Javier Tamarit, Chema Lázaro y Xavier Besalú y nos han aportado estas interesantes reflexiones.

Javier Tamarit

Javier Tamarit

Responsable de transformación en Plena Inclusión

Lo que abre la puerta de entrada a cualquier buena actuación para atender la diversidad en el aula es la disponibilidad de la persona que tiene responsabilidad docente. Ya lo decía Carlos Skliar, la cuestión no es si la persona está preparada, su preparación es responsabilidad suya como profesional, la cuestión es si está dispuesta: “Si no estás preparada, ¡prepárate!, pero ¿estás dispuesta?”.

Cuando alguien está dispuesto, dinamiza recursos, nutre creencias y actitudes de posibilidad, se alía con otras personas para aprender unas de otras y afrontar los retos y las dificultades. Y entonces, íntima y profundamente, se pregunta “¿Qué puedo hacer yo ya?” y actúa, sin frenar su actuación por las circunstancias.

Luego, también lucha activamente por seguir generando, en su entorno y en la sociedad en general, las mejores condiciones para avanzar.

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Chema Lázaro

Profesor de Educación Primaria y de los Másters en Neurodidáctica y en Profesorado de la URJC. Co-fundador de NIUCO y creador del blog Pizarras Abiertas.

Si partimos de la premisa que cada cerebro es único, entendemos que la diversidad es un concepto a trabajar en sí mismo dentro del aula.

La resonancia magnético funcional nos ha mostrado uno de los grandes conceptos que, sin duda, cambia la cultura de pensamiento de un centro educativo, un claustro de maestros y toda una comunidad educativa, la plasticidad cerebral.

Nuestro cerebro es plástico y cambia durante toda nuestra vida, puede reorganizarse de forma estructural y funcional adaptándose continuamente al aprendizaje, así sabemos que la inteligencia no es un concepto estático, es dinámico, si se quiere…se puede, será una cuestión de tiempo.

Enseñar a los alumnos que el cerebro es muy plástico, que somos capaces de generar nuevas neuronas, que la inteligencia no es fija y que, en definitiva, los alumnos pueden responsabilizarse de su aprendizaje, constituye un elemento motivacional muy potente, algo que podemos utilizar los docentes, especialmente en el inicio de los cursos académicos.

Niños de diferentes razas en círculo

Junto a esto, se ha comprobado que para fomentar esta mentalidad de crecimiento tan importante en el aula es necesario generar entornos de aprendizaje en los que el alumno se sienta seguro y protagonista activo del mismo, elogiarlo por el esfuerzo y no por la capacidad o que el profesor tenga expectativas positivas sobre la capacidad de sus alumnos.

Etiquetar a los alumnos, como se ha hecho tantas veces, no está en consonancia con los conocimientos que disponemos sobre el cerebro humano y su enorme plasticidad, e incide de forma negativa sobre el factor más importante que se ha identificado en el aprendizaje: el autoconcepto del alumno, así pues, el modelo de evaluación no se puede centrar en los resultados, en los contenidos, debe ser mucho más complejo y evaluar los procesos, el esfuerzo, las competencias.

Muchos de los trastornos del neurodesarrollo que aparecen de forma más común en nuestras aulas, TDA, TDAH, dislexia, discalculía…pueden ser tratados bajo un marco multimodal con la metodología aplicada en aula, metodologías que hagan a nuestros alumnos ser los “protas” de su aprendizaje, que les permita tomar decisiones, contextualizar lo que hacen…eso motiva, y la motivación es estratégica para la liberación de las vías dopaminérgicas de nuestros alumnos, una motivación que conecta los cerebros, que hace que lo emocional conecte con lo racional y nos permita tomar las mejores decisiones, nos permita ser competentes en el mundo de la información.

Xavier Besalú

Xavier Besalú

Profesor de Pedagogía en la Universidad de Girona, especializado en educación intercultural

Sería muy pretencioso por mi parte decir que tengo la clave para dar una respuesta irrebatible a ese interrogante. Así pues, desde mi modesto y discutible punto de vista, afirmo que habría dos ejes para abordar con eficacia y justicia la atención a la diversidad en el aula.

En primer lugar, es necesario tener algunas ideas claras. La primera, que la diversidad es una característica de la especie humana que nos afecta a todos y no un atributo –de carácter negativo y problemático- inherente solo a algunos individuos. Desgraciadamente se ha impuesto la versión contraria: cuando desde el mundo educativo se habla de la atención a la diversidad casi siempre se piensa en alumnos discapacitados o inadaptados o pobres o inmigrantes o…

El segundo eje es disponer de los recursos necesarios para conseguir que todo el alumnado aprenda lo imprescindible y domine las competencias consideradas básicas para poder ir por el mundo con seguridad y autonomía, y para poder seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida. Recursos de todo tipo: personales, materiales y, por supuesto, pedagógicos. La pedagogía es el arte de buscar y encontrar salidas y alternativas justo cuando parece que todo juega a la contra.

También te puede interesar la opinión de los expertos sobre coeducación, el papel de la educación en la reducción de las desigualdades o la personalización del aprendizaje.

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