Shabana Basij-Rasikh

 

  • Educadora afgana, defensora de los derechos de las mujeres.
  • Su trabajo ha recibido reconocimientos en distintos países del mundo.

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Pasó varios años de su infancia estudiando en secreto, ya que la educación de las niñas era ilegal y, a pesar de que guarda buenos recuerdos de esta etapa, no puede decir que fuera especialmente divertida. Años después, cuando se permitió el acceso de las niñas a la escuela, recuerda que su clase estaba organizada siguiendo unas desafortunadas reglas, de manera que las «mejores estudiantes» se sentaban en las primeras filas y las «estudiantes perezosos» en la parte de atrás. Ella estaba considerada de las mejores, pero a menudo se sentaba en las últimas filas para ayudar a sus compañeros de clase. Un día su profesora llegó tarde y era costumbre que una de las mejores estudiantes llamara la atención de las demás para recibir a la profesora de pie. Aquel día, la tarea recayó en ella y avisó a sus compañeras, para que se levantaran. Pero mientras lo hacían, apartó la silla de la alumna que tenía a su lado, lo que provocó que al volver a sentarse, cayera al suelo. La profesora exigió saber la responsable de la broma, pero jamás se descubrió… hasta ahora.

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¿Podría hablarnos sobre SOLA y cómo ha cambiado y evolucionado el proyecto en los últimos años?

Cofundé SOLA en 2008, cuando todavía era una estudiante universitaria en los EE.UU. Originalmente, nuestro modelo tenía como objetivo identificar y educar a jóvenes estudiantes afganos destacados y luego asegurarles becas en el extranjero para que pudieran cursar estudios secundarios y universitarios. Nuestra intención era que estos estudiantes regresaran a sus hogares en Afganistán para encontrar empleo y compartir su talento con nuestra sociedad. Sin embargo, percibimos que el modelo corría el riesgo de aumentar la “fuga de cerebros”, y que los jóvenes más talentosos abandonaran el país y ya no regresaran. Esta situación, junto con nuestro interés por ofrecer a las niñas afganas la oportunidad de continuar su educación en un ambiente seguro, nos llevó a hacer la transición de SOLA hacia el modelo actual, basado en un internado para niñas. Inscribimos a nuestra primera clase de niñas de 6º grado en nuestro campus de Kabul en 2016 y, desde entonces, hemos agregado una nueva clase de estudiantes de 6º cada año. En 2020 somos una escuela con más de 80 niñas que siguen sus estudios desde 6º hasta el 10º grado.

¿Por qué decidió poner la palabra ‘Leadership’ (‘lideraje’) en el nombre su escuela?

Creo que la respuesta mundial al COVID ha dejado claro la importancia de un liderazgo eficaz, que abarque todos los niveles de la sociedad: a nivel mundial, nacional, local e incluso familiar. Algunas personas pueden creer que los líderes nacen, otras que se hacen, pero en lo que todos estaríamos de acuerdo es en que las habilidades de liderazgo se pueden enseñar y perfeccionar. Nuestro objetivo en SOLA es ayudar a crear promociones de niñas capaces de asumir liderazgos y que representen a las generaciones que han sido mejor educadas en Afganistán. Creemos plenamente que nuestras niñas se convertirán en mujeres que ayudarán a guiar a nuestra nación hacia un futuro pacífico y próspero.

¿Qué tipo de valores quieren transmitir a sus alumnas?

Permíteme  que para responder a esta pregunta comparta las palabras de una estudiante de nuestro colegio: “Utilizaré mi educación para enseñar a otras niñas a ser valientes y para hacerles ver que son muy importantes en la sociedad. Hoy estoy aquí, soy valiente, pero  mañana será otra chica y será tan valiente como yo”. Pienso que esta cita expresa a la perfección los valores que pretendemos transmitir a nuestras alumnas.

¿Cuáles son los desafíos a los que se enfrentan para que las niñas se inscriban en SOLA?

Recibimos 70 solicitudes de posibles estudiantes para nuestra primera clase en 2016 y, en 2020, ya alcanzamos las 233. El interés por SOLA crece año tras año y se extiende por distintas provincias afganas.  En 2020, nuestras alumnas proceden de 26 provincias del total de 34 que componen Afganistán. Dicho esto, hay y siempre habrá desafíos para que las niñas se inscriban. Las familias necesitan saber que sus hijas estarán a salvo con nosotros, y las estudiantes necesitan tener la certeza de que encontrarán un entorno propicio en nuestro centro. Durante los viajes que realizamos por todo el país para reclutar estudiantes, habitualmente conocemos a niñas que nunca han estado fuera de su provincia de origen, y que ni mucho menos han viajado hasta Kabul para residir en un internado. Estos desafíos siempre están presentes, pero los resultados que obtenemos demuestran que los estamos abordando con éxito.

Actualmente, ¿existen riesgos para las niñas que asisten a SOLA o para sus familias?

Desafortunadamente, existen serios riesgos. La seguridad es complicada en Afganistán y no tenemos certezas sobre los resultados de las negociaciones en curso entre los talibanes y el gobierno afgano. Además, incluso dentro de las familias puede haber un fuerte desacuerdo entre los parientes de una niña, sobre si debe o no recibir una educación en su etapa adolescente, y este debate puede llegar a derivar en conflictos bastante graves. Somos plenamente conscientes de todos los riesgos a los que se enfrentan las niñas que asisten a SOLA y sus familias, pero precisamente porque los conocemos, podemos maximizar la eficacia a la hora de gestionarlos.

¿A qué dificultades se enfrentan las niñas y las mujeres para acceder a la educación?

Las historias de las niñas afganas que fueron atacadas de camino a la escuela por hombres que portaban ácido son ciertas. La oposición de algunos sectores a la educación de las niñas es real en nuestro país. Por otra parte, la existencia de escuelas con instalaciones precarias también es un inconveniente importante. Pero de lo que mucha gente no es consciente es de que uno de los mayores obstáculos para el acceso de las niñas a la educación en Afganistán es la falta de maestras. Muchas familias de zonas rurales, incluso estando de acuerdo en la conveniencia de la formación de sus hijas, no permitirán que sean educadas por hombres. Por tanto, si no hay profesoras, estas niñas abandonan la escuela y su educación termina. Como comentaba anteriormente, existen 34 provincias en Afganistán y, en 17 de ellas, la mitad del total, menos del 20% de los profesores son mujeres. En algunas provincias, este porcentaje es del 1%. Una niña educada puede convertirse en maestra, pero sin profesoras disminuimos el número de niñas que completan su formación,  lo que se acaba convirtiendo en un círculo vicioso que viene afectando a distintas generaciones de mujeres afganas.

En diversas ocasiones ha manifestado que su objetivo va mucho más allá que ofrecer una educación general, y que lo que pretenden es proporcionar recursos y herramientas de empoderamiento para las niñas. ¿Cómo se trabaja el empoderamiento?

Un buen ejemplo son nuestras vacaciones de invierno [el curso en SOLA, como en el resto de las escuelas afganas, se imparte de marzo a diciembre]. Durante este periodo, nuestras estudiantes mayores se trasladan a la India para seguir un programa anual de invierno, que se lleva a cabo en un conocido internado indio. Pretendemos que tengan la oportunidad de conocer a compañeras de todo el mundo, mientras completan cursos diseñados y dirigidos por un equipo de educadoras internacionales. Buscamos fomentar una perspectiva global y este programa es un interesante modo de conseguirlo. Sin embargo, algunas de nuestras herramientas funcionan más a nivel psicológico. Las estudiantes toman clases con maestras afganas e interactúan con mujeres afganas. Además, al llegar a SOLA, emparejamos a las alumnas con estudiantes mayores, que actúan como una «hermana mayor» mientras la niña sigue su formación en el internado. Con todas estas medidas promovemos el concepto de liderazgo femenino para que pueda ser percibido por todas las estudiantes desde el primer momento que entren en contacto con nuestra escuela.

¿Las nuevas tecnologías son una ventaja o una desventaja en las aulas?

El COVID nos ha permitido avanzar, como a muchas escuelas de todo el mundo, hacia una experiencia educativa virtual. Ello ha sido posible gracias a los notables avances en tecnología de los últimos años. Si esta situación hubiera ocurrido en 2016, posiblemente hubiera resultado más difícil mantener la conexión con los estudiantes. Las tecnologías, en esencia, son simplemente herramientas y, por tanto, no tienen moralidad inherente. Por decirlo de otra manera, una herramienta puede ser una ventaja o una desventaja en cualquier entorno; su valor o el daño que pueda ocasionar está en manos de quienes la manejan. Una escuela para niñas afganas no tiene nada que ver con una escuela para niñas españolas. Las preocupaciones que los maestros o los padres puedan tener en España no son necesariamente las mismas que las que pueden tener en Afganistán, pero creo que, a pesar de nuestras diferencias, podemos estar de acuerdo en que la tecnología señala un interesante camino hacia un nuevo futuro educativo

¿Cuáles son las metas de la escuela para los próximos años?

Tenemos la intención de crecer de forma segura. Anteriormente he comentado que añadimos una nueva clase de 6º grado cada año, y lo seguiremos haciendo durante los cursos  de 2021 y 2022, con el objetivo de ser una escuela que impartirá formación  durante el año escolar de 2022 desde 6º hasta 12º grado. Haremos coincidir este aumento de inscripciones con el crecimiento de las instalaciones del colegio, ya que hemos proyectado construir un nuevo campus en Kabul que, cuando esté terminado, será capaz de albergar a más de 200 estudiantes, además de las profesoras y el personal no docente.

¿Cree que es importante que las profesoras sean un referente para sus alumnas?

Es crucial, y tal vez en ningún otro lugar sea más importante que en Afganistán. En SOLA empleamos a personal docente y no docente femenino, y es de vital importancia que nuestras estudiantes vean con sus propios ojos cómo estas mujeres ejercen de líderes.

¿Qué consejo les daría a las niñas que quieren ir a la escuela pero no lo hacen por miedo?

Esta es una pregunta absolutamente válida, pero que tendría que ser absolutamente inaceptable en 2020. Antes de la crisis sanitaria de este año, 130 millones de niñas no iban a la escuela en todo el mundo. Hay motivaciones económicas y sociales para que esto ocurra. Sería presuntuoso por mi parte ofrecer consejos a cualquier niña, ya sea de Afganistán o de cualquier otro lugar, sin conocer su vida y circunstancias. Hago esta afirmación, no para rehuir la pregunta, sino en reconocimiento de mi propia experiencia, ya que yo era una niña que creció mientras los talibanes tenían el poder en Afganistán, y sé lo que representa sentir miedo, ya que lo he vivido en primera persona. A pesar de ello,  me gustaría decirles a todas las niñas del mundo, afectadas por esta situación, a pesar de que no puedan leer mis palabras o escuchar mi voz, que no están solas y que hay personas que trabajamos poniendo nuestro pequeño granito de arena para revertir esta realidad.

 

Si te ha gustado esta entrevista, te recomendamos leer también nuestras entrevistas al pedagogo francés Philippe Meirieu y al teórico de la educación John Hattie.

 

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