“Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios.”

J.R.R. Tolkien, Sobre el cuento de hadas (1947)

Después de un largo proceso, por fin ha llegado a la gran pantalla Tolkien. El biopic de uno de los grandes maestros de la literatura fantástica de todos los tiempos, protagonizado por el actor británico Nicholas Hoult quien hace un par de años encarnó otro novelista, J.D. Salinger.

La película, que llega mañana viernes 14 a las salas de España, reconstruye aspectos de su vida desde la infancia y los años de estudio en Oxford, su vocación por la literatura y su vida afectiva, y la dura experiencia de la Primera Guerra Mundial como punto de inflexión.

Una vida y una obra sin duda marcada por sus investigaciones filológicas y su bagaje en el estudio de distintas tradiciones mitológicas, tanto como por su instinto poético e imaginativo que le permitió desarrollar una literatura fantástica de culto que ha trascendido generaciones y países.  

Tolkien fue un apasionado de las lenguas antiguas y de las leyendas que se explican y transmiten desde la antigüedad. Esa fue su fuente más que científica creativa, para construir una fantasía épica que ha cautivado millones de lectores en todo el mundo.

Así lo reconocía él mismo, cuando en su conferencia Sobre el cuento de hadas decía que en el mundo fantástico había sido “un explorador sin rumbo (o un intruso) lleno de asombro pero no de preparación”.

Es decir, los mundos de fantasía ofrecían a Tolkien material de literatura fantástica que hay que saber administrar para conservar la fe literaria. Y no se trata de analizar su estructura o procurar definirlos porque es imposible.

Como lo expresaba el propio escritor, “no hay forma de hacerlo. Fantasía no puede quedar atrapada en una red de palabras; porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible, aunque no imperceptible”.   

La fascinación por la literatura fantástica. La lección de Tolkien

No podemos explicarlo con palabras pero nuestra vivencia de la literatura fantástica es intensa y real. En ese sentido, ¿es posible descubrir por qué nos fascina la literatura fantástica? Ilustración de Alan Lee para El Señor de los Anillos como literatura fantástica  

A pesar de que sea paradójico, lo que más nos gusta de ella es su contenido de verdad. La literatura fantástica es capaz de construir una realidad consistente y más intensa que cualquier tratado científico. Desde los primeros juegos infantiles, como jugar con muñecas o a policías y ladrones, construimos mundos de ficción y les damos consistencia para que sean verosímiles.

Son aquellos juegos infantiles los que nos permiten de entender la fascinación humana por la literatura fantástica, porque es entonces cuando aprendemos los límites entre los mundos de ficción y la realidad física y lo hacemos en un ejercicio de imaginación mediante el cual construimos un entorno, un “decorado” que sostiene nuestra fantasía.

En este sentido, los mundos de ficción que después encontramos en la literatura fantástica no son superficiales ni insignificantes; al contrario, son decisivos para relacionarnos con nuestro entorno, dar sentido al mundo y hacer frente a todo aquello que no entendemos o incluso nos da miedo.   

Por lo tanto, no solo nos gusta zambullirnos y vivir en los mundos que construye la literatura fantástica sino que lo necesitamos. Ahora bien, para la inmersión sea completa y nos haga perder el sentido de la realidad durante un tiempo, estos tienen que ser mundos coherentes. Por interesantes que sean, si no aceptamos mundos como los de Kafka o aquellos donde  viven las figuras imposibles de los cuadros de M.C. Escher no es porque sean imposibles, sino porque son contradictorios.                                    

De hecho, el propio Tolkien estaba muy interesado en la cuestión cuando El Señor de los Anillos todavía no se había publicado. Y en la conferencia que hemos mencionado, haciendo referencia a El príncipe rana de los Hermanos Grimm, Tolkien afirma: “Si los hombres no fueran capaces de distinguir ranas y hombres, los cuentos de hadas sobre príncipes ranas no habrían existido”.      

Es decir, son mundos coherentes que juegan con nuestra lógica y conocimiento previo de la realidad. Por eso los cuentos, la literatura fantástica o la ciencia ficción nos impacta y fascina.   

Y Tolkien supo darle forma literaria. El universo fantástico del Señor de los Anillos es tan consistente como cualquier mitología hasta el punto que no solo nos conmueve, sino que se ha convertido en objeto de investigación universitaria al más alto nivel.

En eso radica la fascinación que ha despertado y sigue despertando en generaciones de lectores en todo el mundo.

Y a ti, ¿por qué te gusta la literatura fantástica?

Si te ha gustado tal vez te interese La fantasía eterna: volver a leer los cuentos de los hermanos GrimmAlan Lee, de la imaginación al papel.

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