La escuela tiene un papel clave a la hora de educar a futuros ciudadanos responsables y capaces de comprender y cribar la información que reciben. Para ello, es fundamental impulsar en los niños, ya desde los primeros años, buenos hábitos que les permitan desarrollar su pensamiento crítico. En palabras del pensador Richard Paul, “el pensamiento crítico no tiene que ser un objetivo de la educación, sino que tiene que ser EL objetivo de la educación”. Por otro lado, pensar críticamente no solo ayudará a los alumnos en su vida futura, sino que los motivará a aprender más y los llevará a mejorar sus resultados académicos durante los años de aprendizaje. En este artículo te damos algunos consejos y herramientas útiles para despertar el espíritu crítico en los niños.

¿Qué es el pensamiento crítico?

Antes de nada, es importante tener claro de qué hablamos cuando hablamos de pensamiento crítico. En pocas palabras, el pensamiento crítico es la capacidad de procesar sistemáticamente la información de la que disponemos para así tomar mejores decisiones y entender mejor las cosas que aprendemos. Dicho de otro modo, consiste en saber aplicar distintas herramientas intelectuales a diferentes tipos de información. No se trata solo por lo tanto de pensar racionalmente, sino de poseer recursos para analizar, evaluar, comparar y reconstruir lo que sabemos o creemos saber. 

Un pensador crítico se caracteriza por:

  • Abordar los nuevos problemas a los que se enfrenta con la mente abierta, sin cerrarse en asunciones previas, y estar dispuesto a revisar sus puntos de vista si es preciso.
  • Comprender que el mundo es complejo y que las respuestas no suelen limitarse a una correcta y a otra incorrecta.
  • Buscar evidencias y pruebas que refuercen sus argumentos, pero siendo crítico al mismo tiempo con estas evidencias si tiene motivos para dudar de ellas.
  • Hacer preguntas basadas en las evidencia. 

Puesto que las herramientas necesarias para desarrollar el pensamiento crítico son herramientas complejas que implican diferentes tipos de procesos, los años de formación escolar son el momento idóneo para que los más pequeños vayan familiarizándose con estas habilidades.

¿Cómo desarrollar el espíritu crítico? Consejos y herramientas

Hay numerosas actividades y dinámicas que puedes llevar al aula para fomentar el pensamiento crítico en tus alumnos. Si necesitas algunas ideas, te recomendamos visitar esta entrada o esta otra. A continuación te damos algunos consejos que también pueden serte útiles para despertar su espíritu crítico.

  • Incentivar la creatividad: El pensamiento crítico está muy relacionado con la creatividad. Ser creativos nos permite buscar nuevas soluciones a los problemas que conocemos. En este sentido, es muy positivo reforzar las actividades creativas y en general dejar que los niños jueguen y puedan ver por sí mismos cómo funcionan las cosas.
  • Reforzar la independencia: Otro elemento clave en el pensador crítico es su independencia. Animemos a los niños a mostrarse de acuerdo o en desacuerdo con las ideas ajenas y a justificar su postura. ¡Su capacidad argumentativa puede llegar a sorprendernos!
  • No dar todas las respuestas: Aunque a veces lo fácil pueda ser dar directamente la respuesta a las dudas de los niños, a veces es mejor dejar espacio a la improvisación y a la deducción. Lo que para nosotros parece obvio, lo es porque en algún momento hemos llegado ahí de usando la lógica. ¡Dejemos que los alumnos realicen el mismo proceso por el que nosotros hemos pasado!
  • Activar la curiosidad: El aprendizaje basado en la investigación es una buena herramienta para desarrollar el pensamiento crítico. Los niños son curiosos por naturaleza, así que no será difícil guiarlos para que encuentren y desarrollen preguntas que ellos mismos quieran responder. También los podemos ayudar a formular hipótesis para resolver sus propias cuestiones.
  • Poner al alumno en el centro del aprendizaje: El desarrollo del pensamiento crítico requiere completar ciertos procesos de manera natural, procesos que pueden llevar más o menos tiempo dependiendo de la persona. Intentemos no intervenir  antes de lo preciso: démosles tiempo a los niños para acabar lo que están haciendo. Dejémosles también cierto tiempo para hablar en el aula y compartir sus ideas con sus compañeros.desarrollar el pensamiento critico
  • Crear una buena atmósfera de aprendizaje: Para animarse a dar sus puntos de vista, los alumnos deben comprender que equivocarse no es necesariamente malo. Es preciso disociar el error del fracaso, y verlo como una oportunidad de aprender más. De la misma forma, es importante lograr que los niños hablen, pero también que escuchen. La escucha activa es un aspecto fundamental del pensamiento crítico.
  • Aprovechar las oportunidades: Cualquier duda, afirmación, idea de un alumno puede servirnos para tirar del hilo. Un buen recurso es cuestionar secuencialmente para conducir la conversación donde queremos. Si por ejemplo un alumno ha hecho algo inapropiado, no nos limitemos a decirle que lo que ha hecho está mal: preguntémosle qué consecuencias puede tener e intentemos que él mismo saque la conclusión. 
  • Propongamos problemas que solucionar: Esta es una actividad útil en todas las edades y que puede dinamizarse de maneras muy variadas. Propongamos a los alumnos un problema y démosles herramientas para la investigación: lluvias de ideas, mapas conceptuales… Cuando hayan desarrollado una solución, pidámosles que la expongan. ¡Es un buen ejercicio para trabajar la organización de ideas y para desarrollar la estructura de descubrimiento de los alumnos!
  • Evaluar fuentes: En el mundo actual la información es cada vez más accesible, pero también menos fiable. Por ello, es importante que, en el momento en que los niños empiecen a usar fuentes, sean capaces de valorarlas. Incitemos a los niños a preguntarse quién ha reunido la información, cómo la reunió y con qué finalidad. ¡Esta será una habilidad clave en el siglo XXI!
  • Trabajar el vocabulario: El proceso creativo y la capacidad de generar ideas y opiniones es importante, pero no es suficiente si los niños no son capaces de expresar de manera exacta estas ideas. Por ello, es recomendable trabajar el vocabulario de manera que los alumnos puedan reflejar los distintos matices de aquello que quieren exteriorizar.

En suma, el pensamiento crítico se da cuando el niño tiene tiempo y estrategias para tomar decisiones, crear de la nada y entender las consecuencias de aquello que hace o ve. Si conseguimos que el alumno sea capaz de sacar conclusiones razonadas y preguntarse las causas de las cosas que suceden, sus años de aprendizaje habrán cumplido su función fundamental.

Y tú, ¿qué actividades haces para desarrollar el pensamiento crítico? ¡Nos encantará saber tu opinión! ¡Cuéntanosla en los comentarios!

 

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