La robótica educativa es un recurso que hasta hace poco era impensable utilizar en las aulas de infantil, primaria y secundaria, ya que suponía un aprendizaje específico de las carreras científicas. Sin embargo, se ha hecho necesario abordar el lenguaje de la programación y la robótica dentro del aula desde edades muy tempranas.

¿Cómo podemos hacerlo? ¿Qué implica la robótica? ¿Se debe abordar de manera transversal? ¿Nos sirve para desarrollar otras competencias? ¡Tenemos mil dudas y hemos querido preguntar a tres expertos en la materia para solucionar algunas de ellas! 

 

Óscar García Pañella

Óscar García Pañella

Doctor en Realidad Virtual y PostDoc en Tecnología para Entretenimiento. Iniciativas como director, consultor o docente: ENTI-UB, IEBS y Cookie Box, entre otras.

Dicen los entendidos y las entendidas que hay dos tipos de competencias: las duras, o «hard skills» y las blandas, o «soft».

En las primeras parece ser que, tradicionalmente, somos ya muy buenos en nuestro país: memorizarnos los ríos y las comunidades autónomas, aprendemos una fórmula matemática para calcular un valor numérico o no fallamos, a veces, con las normas ortográficas cuando escribimos, por ejemplo.

Pero, ¿lo somos en las otras habilidades que tienen que ver con capacidades operativas-funcionales, relacionales y emotivas en el lugar de trabajo? ¿Nos las enseñan en la escuela? ¿Las practicamos suficiente? Probablemente no, y eso que sí lo hacen y de manera intensa en otras culturas educativas como por ejemplo la anglosajona.

Y ya nos toca también, en un mundo tan «VUCA» (en inglés volátil, incierto, complejo y ambiguo) como en el que nos ha tocado vivir ahora mismo, y que tanto necesita de nuevas profesiones aplicadas. Y de ser flexibles.

Resulta que montando robots, programando y aplicando las configuraciones que implementemos a la resolución de problemas concretos mejoramos en tecnología, sí, y además si lo hacemos en grupo, negociando y siendo asertivos para con los demás, resulta que también crecemos en nuestra capacidad de análisis y síntesis, gestionamos nuestra frustración y el estrés, ganamos en eficiencia, presentamos comercialmente y vendemos soluciones con ilusión y pasión…y todo gracias a una experiencia memorable que resulta, por placentera, de gran transferencia educativa.

Entonces, digo yo, ¿pero cómo podría alguien permitirse «no aplicar» la robótica educativa en el aula? y no solamente para aprender eso, robótica y tecnología, sino para (no olvidemos) mejorar en habilidades «soft» que tanta falta nos hacen para trabajar como es debido. Se puede hablar «de todo» empleando robots. Son el medio y no el mensaje.

 

Alfredo Pina

Alfredo Pina

Profesor titular de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la Universidad. Pública de Navarra, especializado en tecnología educativa.

Entendiendo la escuela como una institución educativa hecha por y para la sociedad y con el objetivo de formar a nuestros estudiantes para el mundo real, lo primero que debemos hacer es ver que la robótica tiene aplicaciones en casi todos los campos: ciencia, industria, medicina, agricultura, sociales… Por esto, la primera reflexión es que la robótica es interdisciplinar y se puede y se debe impartir en todas las asignaturas, es transversal.

¿En qué momento de la formación se tiene que introducir la robótica educativa en el aula? Hace pocos años no nos imaginábamos poder hacerlo antes de la Universidad. No obstante, hoy en día, con la proliferación de estudios sobre la posibilidad de trabajar el pensamiento computacional desde infantil y el hecho de que cada vez existen más artefactos digitales robóticos (físicos y virtuales) y programables para cualquier edad, nos permite llegar a la segunda reflexión y es que se puede hacer casi a cualquier edad, estableciendo un buen itinerario desde edades tempranas, con continuidad hasta la Universidad para ir introduciendo todo lo que estamos denominando industria 4.0 o incluso sociedad 5.0.

Finalmente, en robótica, como en otras materias, es necesario que los aprendizajes sean  “auténticos”, que entendamos conceptos y que manipulemos artefactos que utilizan esos conceptos, que nos motiven, que nos den ganas de extenderlos, de aplicarlos en el aula y fuera de ella, y tanto la escuela como la sociedad deben unirse para propiciar estos escenarios de aprendizaje, indagación y descubrimiento donde podamos disfrutar y aprender.

 

Gina Tost

Gina Tost

Comunicadora, periodista especializada en videojuegos y tecnología y profesora de la UPC

La robótica educativa sirve para desarrollar ciertas competencias en el aula, que serían más complicadas de alcanzar con otras actividades. Esta serie de actividades pueden ir desde infantil hasta la universidad y se fomentan alrededor de un «robot» que permite practicar algunos aspectos como las matemáticas, la física, la programación… pero también el arte y la creatividad. Es por eso que me gusta llamarlo STEAM y no STEM, incorporando la A de «Arte». No nos servirá de nada tener a los mejores programadores algorítmicos si no aplican el razonamiento creativo más allá del lógico.

Cuando hablamos de «robot» no hace falta que sea un producto humanoide, y mucho menos que tenga una estructura humana. A veces puede ser un brazo mecánico o un conjunto de sensores que forman una guitarra electrónica, por ejemplo.

En mi opinión, la mejor manera de aplicar la robótica educativa sería incorporando la capacidad de reflexión fuera del modelo tradicional o de lo que permite «el robot» per se. La robótica no puede ser una asignatura más porque esté de moda, sino una excusa para incorporar elementos y competencias indispensables para el futuro laboral del alumnado.

La robótica es un proyecto, pero sería interesante también aplicarlo de manera transversal como «las libretas» o «los bolis» o «los ordenadores». No hay una asignatura de «libretas», sino que es una herramienta transversal a todas las asignaturas, y lo mismo debería suceder con la tecnología.

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