No existe un proyecto ni educativo, ni cultural desde los países al sur del río Grande por encontrar esos elementos que nos hacen un solo pueblo y que muchas veces desde España y el resto del mundo sí se identifica como una gran unidad. Se puede afirmar que la identidad latinoamericana se ha forjado desde los EEUU, resultado de los inmigrantes que llegan a su territorio; es allí donde los nacionalismos se diluyen y ante la necesidad de la supervivencia y la cooperación, surgen elementos constitutivos de la identidad latinoamericana como conexión cultural y de identidad. Por eso existen cadenas de televisión y de noticias latinas, medios impresos, premios de música, televisión y arte o cadenas de restaurantes y supermercados, pero todos ellos forjados desde los Estados Unidos.

¿Por qué nos cuesta construir una identidad regional desde nuestros países? Sin duda los prejuicios, sobre diferencias históricas, construcción de relatos individuales, ejercicios de superioridad y dominación que muchas veces se desarrollan desde la escuela, fomentan que el vecino más que un hermano, sea visto como un rival; y para utilizar un solo ejemplo me centraré en los relatos de los textos escolares sobre las pérdidas territoriales que ha sufrido los estados suramericanos, plasmadas en los textos escolares de cada país como un ejemplo de la victimización que ha vivido por los vecinos.

Si sobreponemos todos los mapas, todos los países excepto Brasil han perdido territorio, pero Brasil se representa desde su independencia en 1822 prácticamente como es hoy en día. Por lo tanto, construir una identidad latinoamericana requiere conocer la historia desde una mirada regional. Que busque superar los  estereotipos e historias individuales que llevan a la fragmentación, y una forma de hacerlo es por medio de textos narrativos como es la propuesta de Vicens Vives, BEL Biblioteca de Estudios Latinoamericanos, relatos que hacen más amigables la comprensión de procesos históricos, políticos, económicos, culturales y ambientales que involucran la región.

Los retos para construir historias con una mirada latinoamericana no son fáciles, porque deben superar esos estereotipos que hemos construido desde la miradas locales, como lo afirma la historiadora Diana Uribe, la independencia de América del Sur fue un proyecto latinoamericano, para expulsar a los españoles de Lima, la joya de la corona española; es así como ejércitos libertadores desde Caracas y Buenos Aires, remontan la cordillera para llegar a Lima, enfrentando batallas en el camino. Después de las independencias, cada nuevo estado construyó su independencia desde la batalla que se desarrolló en su territorio, pero se olvidó de explicar el sentido latinoamericano de la gesta. Autores como Catalina Jiménez argumentan que para hacer las historias latinoamericanas se debe buscar en la memoria y encontrar esos elementos comunes, estructurar la historia que le de un sentido narrativo o poético y, algo importante, analizar los datos que se incluirán en el texto y que tengan relevancia para la región.

Para explicar la historia latinoamericana, se deben tener en cuenta las variables económicas, políticas, sociales y culturales, que muestran elementos comunes que forjan nuestra identidad; todas ellas se relacionan creando procesos históricos. Es así como se evidencia que sí existe Latinoamérica, que se ha construido desde la idea de estado–nación donde aparece por una parte elementos institucionales y culturales, y por la otra proyectos civilizadores y de homogeneización que han relegado culturas y pueblos; pero la mezcla de los dos refleja una sociedad que ha vivido historias comunes, relatos que nos acercan, que nos identifican por las realidades sociales que hemos enfrentado.

Latinoamérica es también Iberoamérica, porque la presencia de España y Portugal se hace evidente en la construcción de los procesos históricos que surgen al investigar los procesos de cada país, y, si bien existen diferencias, se puede decir que en la región las divergencias han sido más escasas que los acercamientos y los proyectos comunes. Por eso lo invitamos a que desde el aula, involucre las lecturas iberoamericanas y latinoamericanas en los relatos, construir una mirada socio-histórica alejada de los prejuicios y proclive a la reflexión, a la crítica y a la investigación. Como afirmó el nobel Gabriel García Márquez en su escrito para los profesores: Por una educación al alcance de los niños, Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar, y a descubrir quiénes somos en una sociedad.

 

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