Sin la obra de Benito Pérez Galdós, de cuya muerte se cumplen cien años, no se entiende la España del siglo XIX. Eso escribió Manuel Tuñón de Lara, que sabía perfectamente cómo la literatura de este canario que echó raíces en Madrid reflejaba la vida y la mentalidad de su época.

También podríamos decir que la España del XX, puesto que fue una figura con un pie en cada siglo. Considerado en muchas ocasiones el padre de la novela moderna española, sus textos mostraban toda la complejidad social y psicológica de un tiempo cambiante. 

Y es que ese es otro de los muchos valores de su obra, capaz no sólo de ser un reflejo estático, sino el retrato de una realidad en movimiento. Galdós creía en un proyecto para España que se truncó en el XX: el de la modernización y renovación nacional. Galdós ensayando el Discurso de ingreso a la RAE

“Intento pedir auxilio á la erudición, á esa fácil y somera sabiduría que en los modernos centros de cultura puede encontrar quien se tome el trabajo de buscarla.” Son palabras de Galdós en el Discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua en 1897.    

Antes de ser Pérez Galdós, cuando era Benito, estudiaba música, escribía poemas, se dedicaba a pintar escenas y era un gran observador, dotado desde joven de una fina visión satírica de lo que le rodeaba.   

Comparado con Victor Hugo, Balzac, Tolstói o Dickens, como todo gran escritor Galdós no admite ni necesita comparación, hecha en ocasiones por compatriotas cuyo complejo les impedía homologar la cultura española a la europea. 

Si algo tienen en común todos ellos, es que si quieres conocer en profundidad la historia de su tiempo, la lectura de su obra es indispensable. Se trata de esa ficción verosímil, que con oficio en la pluma y trabajo arduo de documentación, sirve de fuente a los historiadores.  

Galdós fue sin duda, y a pesar de los intentos de desprecio y olvido desde miembros de la Generación del 98 hasta el franquismo y el antifranquismo, uno de los novelistas más importantes de todos los tiempos

4 novelas para entrar en la literatura de Galdós  

Las efemérides deberían servir para revitalizar obras y seguir dialogando con ellas, o hacerlo si aún no se ha hecho. Por eso, te queremos proponer cuatro grandes novelas de Galdós para acercarte a su obra. 

Todo amante de la novela histórica debería leer a Galdós si no lo ha hecho. Podríamos decir sin más, todo amante de la novela, de la que el escritor nos dejó una magnífica definición en el mismo discurso de ingreso a la RAE citado antes:

Imagen de la vida es la novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño, las almas y las fisonomías, todo lo espiritual y lo físico que nos constituye y nos rodea, y el lenguaje, que es la marca de raza, y las viviendas, que son el signo de familia, y la vestidura, que diseña los últimos trazos externos de la personalidad: todo esto sin olvidar que debe existir perfecto fiel de balanza entre la exactitud y la belleza de la reproducción.” Portada Marianela de Galdós

Tal vez la novela más personal de Galdós. Una historia entrañable y trágica, a primera vista en torno a una heroína de folletín, pero que termina retratando las tensiones ideológicas y los conflictos sociales de la España decimonónica.

Sobre la historia de una joven de dieciséis años que sirve de lazarillo y a la que todos desprecian, se despliegan alegorías de profundidad filosófica, sobre la ciencia, la sociedad o la educación. 

Debido a su éxito, con esta novela se inician los inolvidables Episodios Nacionales, y su conexión con la historia se puede reconstruir desde la propia genealogía de la obra.

Portada de TrafalgarA principio de los 70, Galdós se encuentra en Santander, donde su amigo Amós de Escalante le presenta el último superviviente de la batalla: Pedro Galán. Se trataba de un grumete que estuvo en el galeón Santísima Trinidad y que será en la novela Gabriel de Araceli. 

Además de la derrota de la flota franco-española frente a los británicos, Trafalgar hace una anatomía literaria de sus causas y señala a los responsables políticos con toda la atracción de una narración épica que es, al mismo tiempo, un alegato contra la guerra.

Sólo por esta novela, Galdós podría entrar en la historia de la literatura española. Tristana es una magnífica novela por sí misma, pero también lo es por su capacidad para desencadenar debates en torno al papel de la mujer en la sociedad española.

También por ofrecer mucho espacio hermenéutico al lector. Precisamente es una historia que cautivó a Luis Buñuel, quien la llevó al cine en 1970 haciendo una adaptación libre y tomándola casi como punto de partida para un refinado drama psicológico.      

Portada de MisericordiaBenina es uno de esos personajes inolvidables en la literatura de Galdós; una semilla de esperanza, dotada de gran dignidad y sentido moral. Esta es una de las últimas novelas de una enorme producción literaria, y tiene tanto el sabor del oficio como el de la reflexión.

Ambientada en Madrid y en una España decadente en la que la hipocresía burguesa campa a sus anchas, bien podría servir, como decía María Zambrano, del gran ensayo en español sobre el concepto de misericordia.

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