Uno de los mayores retos de la actualidad es educar en la felicidad. Uno de los que mejor ha pensado la felicidad fue Séneca hace casi 2000 años. Él decía que frente a falsas felicidades “la verdadera felicidad reside en la virtud” y a su vez, que no hay virtud sin esfuerzo.    

Pero en los tiempos de la gratificación instantánea vivimos muy lejos de los ideales de Séneca. Sí, hay mucha desorientación pero existe al mismo tiempo preocupación por ella, y especialmente por la felicidad de los niños y niñas, que crecen en una sociedad cada vez más competitiva y sin referentes éticos.  

Normalmente tenemos muchas ideas sobre cómo cuidar la higiene y la alimentación de los más pequeños. Ahora bien, si nos preguntan por su felicidad, probablemente nuestra expresión sea de estupor o desconcierto.

Si como adultos apenas conocemos, si es que existen, las claves de la felicidad, ¿cómo vamos a saber inculcarla en los niños? En un sistema en el que se vende y compra todo, como sabes nos venden constantemente un modelo de felicidad y de éxito para todos igual.

¿No crees que tanto ruido nos confunde? En un contexto así, hay dos aspectos que son fundamentales para educar en la felicidad: las emociones y la ética. Vayamos por partes.   

Una herramienta fundamental para hacer frente a esa confusión es la educación emocional. ¿En qué consiste? Después de siglos de ignorarlas, las emociones se empezaron a estudiar y desde hace más de dos décadas se comenzó a difundir el concepto de “Inteligencia emocional” asociado a la habilidad para gestionar emociones, saber distinguirlas y expresarlas.  

Sin embargo no sólo se trata de saber gestionar las emociones con inteligencia, sino también de que necesitas las emociones para ser inteligente, porque las primeras influyen en tu capacidad cognitiva.

El segundo aspecto es la ética. ¡Cuántas veces oímos hablar de ella en una época de crisis de valores! Recuerda la frase de Séneca en la que decía que la verdadera felicidad reside en la virtud. Una manera de decir que la ética es el corazón de la felicidad.

Por eso educar en la felicidad quiere decir también transmitir valores y modelos de conducta ética. Eso significa a la vez enseñar a distinguir entre lo importante y lo secundario. Y quizás, siendo adulto, aprenderlo tú primero: los resultados académicos nos preocupan, pero no son lo más importante del proceso de crecimiento.

Claves para educar en la felicidad

Por todo ello, aunque la felicidad sea un largo camino personal e intransferible debemos dar armas a los más pequeños para que puedan recorrerlo con garantías durante toda su vida.

La felicidad, como la inteligencia, se entrena y requiere unos ciertos hábitos que debes fomentar. Aquí te dejamos algunas claves para trabajarla. Seguro que la mayorías las conoces y sólo debes recordarlas.  

  • Enseñar el valor, no el precio

Si algo caracteriza nuestra época es la cuantificación de todo: todo lo reducimos a cantidades y después a un valor de cambio en el mercado. Eso puede llevar a los pequeños a creer que todo se puede comprar y vender.

Pero como sabes, no es así. Por eso es importante que enseñes a demorarse y apreciar los momentos y experiencias que no tienen precio pero sí gran valor.

  • Enseñar a expresar las emociones

Cualquier problema o conflicto nos puede parecer “menor” porque es infantil, pero tiene gran importancia para ellos y son grandes oportunidades de aprendizaje que no debes desaprovechar.

En edades en las que ya escriben, un ejercicio magnífico es pedirles que hagan un balance por escrito de las emociones que han tenido durante el día. Aprenderán eso que nos cuesta toda la vida, también adulta: poner palabras a nuestras emociones.  

  • Elogiar el esfuerzo, no el talento

Muchas veces tendemos a elogiar el talento “natural” para hacer algo. Sin embargo para su crecimiento y formación lo mejor es que elogies el esfuerzo, aún cuando no sirve para alcanzar un objetivo, por pequeño que sea.

  • Enseñar a ser autónomos

La experiencia no la puedes inculcar, la debe vivir cada niño de forma autónoma. El temor a que no sea feliz en ocasiones te puede conducir a querer evitarle el fracaso. ¡Un error! La experiencia del fracaso es la mejor escuela para educar en la felicidad. Ella enseña que toda meta requiere un esfuerzo y que este esfuerzo a veces es premiado y otras no.

  • Enseñar a soñar

Te puede parecer simple retórica pero no es así; cuando hablamos de “soñar” nos referimos a ir más allá de la realidad tal y como nos viene dada. Educar en la felicidad es también enseñar a no conformarse, a no renunciar a los proyectos de vida que te hacen feliz.

Propón siempre actividades artísticas ya sea a través de textos, dibujos, fotografías… en las que puedan expresar sus sueños y anhelos personales.

  • ¡Jugar!

El juego es el espacio de libertad porque es algo gratuito cuyo fin no es nada externo a sí mismo: no busca producir nada ni ser rentable. No tendrás que “enseñar a jugar” a los niños pero con las largas jornadas con las que se les carga, corren el riesgo de olvidarlo.

Por eso, una de las claves para educar en la felicidad es trabajar para conservar y fomentar el valor del juego infantil.  

Educar en la felicidad con un libro que pregunta ¿Qué nos hace felices?

En tan sólo 15 páginas, los textos de Marie-Agnès Gaudrat y las ilustraciones de Carme Solé Vendrell para el libro ¿Qué nos hace felices? de la colección “Momentos y emociones” abordan valores como la cooperación, la empatía, el coraje o la solidaridad.  

Y lo más importante: lo hacen incitando al diálogo entre adultos y niños, para que los dos puedan reflexionar sobre ellos. De esta manera procura ayudarte a trabajar otra de las claves de la felicidad como es el diálogo entre padres e hijos.Portada del libro ¿Que nos hace felices? para hablar de educar en la felicidad

Los dibujos de una ilustradora de referencia y con larga experiencia en la ilustración para niños como Carme Solé tejen complicidades con el imaginario infantil.

De la misma forma, las páginas desplegables invitan a interactuar con dilemas interesantes. “¿Disfrazarnos de lo que no somos?”, nos dice una página. Pero si abrimos el desplegable nos encontramos con la pregunta alternativa: “¿O ser simplemente como somos?”.        

Educar en la felicidad es tan ambicioso como educar en la búsqueda del sentido de la vida, pero el mensaje, sencillo y poético de ¿Qué nos hace felices? es que el origen de la felicidad es compartir la vida con los demás y construir relaciones positivas basadas en la generosidad.  

Para responder a la pregunta el libro vuelve de nuevo a Séneca y lo hace en un lenguaje optimista, entrañable y accesible para niños y niñas a partir de 5 años. Sin olvidarse de dilemas que pueden compartir adultos y pequeños: “¿No hacer más que trabajar? ¿O tomarse algún tiempo para soñar?”

¿Te has planteado el reto de educar en la felicidad? ¡Cuéntanos tu experiencia!

Si te ha resultado interesante, no dudes en leer 7 historias para hablar de la confianza en el aula o 5 cuentos con animales que esconden valiosos aprendizajes.

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