Aquí seguimos. A vueltas con el cambio educativo más importante producido en los últimos 25 años.

Y oímos hablar, y mucho, de la nueva forma de aprender, del nuevo alumno, del nuevo papel del profesor, de las nuevas tecnologías… todo es nuevo. Lo que no tengo tan claro es que los que estamos en el día a día de un colegio, veamos con claridad las estrategias para generar este cambio. Pero todo este cambio educativo y pedagógico, realidad indiscutible en su fondo, pero no tanto en su forma, queda sujeto a una adaptación que estamos dejando pasar por alto: la de las estructuras pedagógicas.

Seguramente que algunos de ustedes puedan plantearse qué es eso de las estructuras pedagógicas, que a cuento de qué surge este asunto con la cantidad de aspectos a debatir en la organización escolar. Vayamos al principio del tema. En mis últimas ponencias y seminarios de trabajo con directivos escolares, estoy trabajando el concepto de verticalidad pedagógica, o lo que es lo mismo: que los alumnos aprendan, sean enseñados, orientados o el término que quieran usar, de una manera ordenada y conectada en los métodos de aprendizaje y en los métodos y herramientas de evaluación.

Por concretar: ¿ saben ustedes cuántos colegios no tienen un marco común de trabajo metodológico y evaluativo que afecte a sus alumnos desde la educación infantil al bachillerato? ¿ Saben cuántos profesores no tienen conocimiento de lo que es un modelo, un principio metodológico o un método de aprendizaje? Pues se lo digo yo: ¡unos cuantos de miles!

Pero, ¿quién tiene esa responsabilidad? En mi opinión, y desde mi experiencia de director y gestor educativo, las direcciones escolares deben “liderar” esta idea en sus colegios. Muchos profesores necesitan orientación en este sentido: saber desde dónde enseñamos y desde dónde aprenden nuestros alumnos. Pero no desde una visión holística general y teórica. Nada más lejos de la realidad.

El colegio debe posicionar su Proyecto Pedagógico según las tendencias actuales y las necesidades sociales. Por este motivo, y con un horizonte profesional basado en el liderazgo, la toma de decisiones, la comunicación, la globalización, etc… debemos tener ese conjunto de estrategias de aula bien definidas, que den sentido a lo que nuestros alumnos van a necesitar. Como dice D. Reig : “ No consiste en enseñar lo que nosotros sabemos, sino lo que ellos necesitarán”.

Y dando por supuesto que tenemos definidos esos principios y métodos de trabajo común en el colegio, que todos los conocemos y sabemos trabajar con ellos (ojo al aspecto de la formación), viene el siguiente reto: coordinar al profesorado.

Esa coordinación, ha sido históricamente, destinada a los niveles de secundaria. Los niveles de infantil y primaria, siempre han trabajado desde los equipos docentes y pocas veces han entrado en trabajos de coordinación vertical, con los niveles superiores del colegio. Creo que en este aspecto, es donde reside el éxito de todo este proceso. Conseguir coordinación vertical, con principios metodológicos y evaluativos bien definidos y acotados según el Proyecto Educativo del colegio, y que den forma al denominado Proyecto Pedagógico, el cual nada tiene que ver con el Proyecto Curricular.

En fin, vaya esta idea para ir pensando y unas preguntas finales para que se responda a sí mismo, como profesor o como director escolar:

¿Tenemos en nuestro colegio métodos y metodologías comunes de trabajo con nuestros alumnos?

¿Son adecuados para potenciar sus competencias clave?

¿Ocurre lo mismo con la evaluación?

¿Están los profesores del colegio alineados en las formas de trabajo de las diferentes etapas educativas del colegio?

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