Hacer una historia de las librerías es casi imposible. No sólo por la antigüedad, sino también porque su actividad apenas se ha ido documentando y depende mucho de las circunstancias. Sin embargo son motivo de orgullo en cualquier rincón del mundo desde Los Ángeles a Tokio, pasando por Madrid, Zhen Yuan o Buenos Aires.         

De acuerdo, son un negocio, pero por encima de todo las librerías son un espacio de libertad, una puerta de acceso al conocimiento y una ventana al mundo que le da color y lo hace mucho más interesante. Un lugar donde la literatura se hace material y visible: a diferencia de la biblioteca es un espacio dedicado a la belleza. La biblioteca clasifica, ordena y conserva, mientras que la librería seduce, muestra y acerca el libro a todos.  

Recuerda por un momento cómo te sientes al entrar y recorrerlas: como lector te dejas seducir por las imágenes, los colores y olores (¡nada es más agradable que el olor de un libro nuevo!). En la evolución que han vivido son un espacio cada vez más polivalente, en el que la necesidad ha ido aguzando el ingenio de los libreros: tienda, archivo, cafetería, centro cultural…        

Las primeras librerías son tan antiguas como las bibliotecas, es decir, son contemporáneas de la célebre Biblioteca de Alejandría. Fueron comerciantes que empezaron a vender y divulgar rollos de papiro o pergamino: siglos más tarde y con la llegada de la imprenta sería para divulgar ese mágico objeto que conocemos como libro. De hecho, la historia de las librerías está relacionada con la de los que producían los libros, los editores. Libros abiertos frente a los estantes de una librería ilustrando la historia de las librerías Son un lugar plural, donde todas las sensibilidades y las ideas deben tener lugar, ¡y por eso también son una escuela de valores por sí mismas! Las ciudades más cosmopolitas se alimentan de las librerías porque estas le dan alma y carácter: de hecho la salud de una ciudad se puede medir por cómo cuida sus librerías. Haz el ejercicio de preguntarte “¿cómo las cuida la mía?”

París sin duda es una de las más importantes, con espacios tan emblemáticos como la librería Delamain abierta a principios del siglo XVIII y una de las más antiguas del mundo que sigue en activo. Y para que la llama siga encendida, la figura del librero es fundamental: los libreros son embajadores de los libros y si hiciéramos una historia de las librerías fabulada, ellos serían sus héroes.     

Jugar a leer. Una historia de las librerías infantiles

¿Pero qué hay de los niños y niñas? Cuando se habla del origen y la historia de las librerías infantiles pueden aparecer muchos nombres pero hay uno que es imprescindible: el del británico John Newbery, librero y editor que un buen día del año 1744 en su librería de Londres hizo algo que cambió la historia: decidió vender algún libro ilustrado con el propósito de entretener a los niños, además de enseñarles algo. Y como no existían, lo hizo él mismo.       Grupo de niños leyendo en una librería para ilustrar la historia de las librerías infantiles

Hoy nos puede parecer sorprendente, pero antes de que Newbery se dedicara a publicar, ¡los niños no leían por diversión! La lectura era simplemente instructiva, una herramienta didáctica, no se entendía que un niño pudiera leer por el simple placer de hacerlo ni que el género infantil tuviera tanto valor como otro.

El propio Newbery lo había experimentado de pequeño. Si quería leer por placer tenía que buscar libros para adultos. ¡Un contrasentido! Su importancia es tal que desde 1922 y hasta hoy la American Library Association (Asociación de Bibliotecas de los Estados Unidos) entrega la Medalla “John Newbery” al mejor libro infantil del año.

La escolarización progresiva durante los dos siglos siguientes fue incorporando cada vez más lectores infantiles, y con ello librerías y libros que pudieran satisfacer esa necesidad.

El resto es historia… un apasionante recorrido que ha permitido que no sólo haya libros infantiles sino también más tarde librerías, espacios dedicados y diseñados exclusivamente para niños en todos los aspectos, desde el contenido y las actividades hasta la arquitectura, como sucede en la increíble y futurista Kid’s Republic de Pekín.

También algunas bibliotecas han llegado a hacer maravillas pensando en los lectores más pequeños, como ha hecho la Biblioteca Pública Central de Singapur, fundando la primera librería ecológica para niños del mundo.  

Si quieres saber más sobre las librerías quizás te interese conocer 7 razones por las que las librerías son lugares llenos de magia o echar un vistazo a nuestra primera librería inaugurada este año en Ciudad de México.

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