Autonomía, trabajo colaborativo, entusiasmo… son algunos de los valores positivos asociados a la cultura maker. ¿Lo que propone? En palabras de Dale Dougherty, creador de las Maker Faire en 2006, los maker o “hacedores” representan una alternativa a definirnos por lo que compramos -como consumidores- para participar del entusiasmo colectivo de hacer y aprender a hacer cosas. En definitiva, una fuente de innovación constante.

Se trata de una tendencia con una larga historia, que nos lleva hasta el movimiento DIY (Do It Yourself – Hazlo tú mismo) en el que se basa y que consiste en cualquier creación sin la ayuda de profesionales.          

En el éxito de la cultura maker resulta crucial la presencia de software libres y códigos abiertos, así como la aparición y expansión de herramientas digitales accesibles que permiten diseñar todo tipo de proyectos.

Puede parecer que nos referimos exclusivamente al cambio tecnológico, pero la cultura maker se basa en algo más amplio que todos somos y necesitamos ser, incluso los que menos se reconocen como tal: utilizar lo que nos rodea para transformarlo y poder utilizarlo. Desde cocinar hasta emprender un pequeño proyecto de bricolaje casero.       

La cultura y tecnología del libre acceso y el trabajo colaborativo han consolidado un movimiento que también se está trasladando al aula  con muchas experiencias de éxito. De hecho para el propio Dougherty el gran reto y oportunidad para la cultura maker es transformar la educación.

Beneficios pedagógicos de la cultura maker     

Demasiadas veces los estudiantes se ven obligados a buscar espacios fuera del colegio para expresarse y demostrar lo que son capaces de hacer. Lo que suele suceder dentro de un sistema rígido es que no hay tiempo para explotar la dimensión creativa, para “jugar”.

Contra eso, fomentar la cultura maker en el aula significa fomentar la imaginación y la creatividad. Implica abrir la puerta del aula al entusiasmo de la apropiación social de la tecnología y el conocimiento.

Aquí tienes tres ejemplos de los beneficios que se pueden extraer de ella y la clave que explica la relevancia pedagógica de la cultura maker.Materiales de manualidades cultura maker en el aula

  • Centralidad del alumno

La cultura maker inspira un modelo educativo en el que el alumno es protagonista de su proceso de aprendizaje. Un uso de las herramientas tecnológicas orientado según los principios de esta filosofía contribuirá a que tus estudiantes tengan un mayor control sobre su vida educativa.  

  • Autoestima y cultura colaborativa

Convertir tus alumnos en agentes protagonistas explotará sus capacidades creativas y alimentará la confianza de un futuro profesional. En este sentido, te aconsejamos no sólo elaborar proyectos en los que sean protagonistas, sino también abrir un espacio web para compartir creaciones de los alumnos y que todos aprendan de todos.

  • Transformar el centro

Es importante que todos los estudiantes, incluso desde los primeros cursos, tengan a mano herramientas y una guía personal que les permita comenzar. Todo ello dentro de un espacio delimitado para ese tipo de proyectos diferentes y complementarios de una clase magistral, inspirado en el funcionamiento del laboratorio, el estudio creativo o el taller.    

Por eso hablamos de un proyecto que implique a todo el centro. De acuerdo, ambicioso. Pero a eso debemos apuntar porque es imprescindible para afrontar los retos educativos del futuro.  

La cultura maker  y el aprendizaje significativo

Todo lo que hemos explicado hasta ahora se resume en una idea esencial. La cultura maker ha consolidado la filosofía del “learning-by-doing” (aprender haciendo) que propuso el filósofo John Dewey, convencido de que “la función intelectual de las dificultades es la de conducir a hombres y mujeres a pensar”.

Aquí está la clave pedagógica de la cultura maker y la importancia de implantarla en el aula. El aprendizaje tiene mucho que ver con las emociones. Como sabe la psicología constructivista lo que mejor se aprende (y no se olvida) es practicando el “learning by doing” en un contexto significativo para motivar: donde haya un sentido y un propósito claro.

Es decir, mejor que enseñes algo situando al alumno en una situación en la que esté motivado para aprender, que detener su vida y obligarle a estar sentado para enseñarle en una pizarra esquemas y conceptos abstractos que un día -quién sabe cuándo- aplicará. ¡El proceso debe ser inverso!

En un inicio, prueba a ponerlo en situaciones que no sean muy difíciles a través de las cuales aprenda a manejarse en el entorno y a utilizar las herramientas.

Involucrar los estudiantes en experiencias creativas y estimulantes enseñará el placer y la pasión de aprender. ¡La mejor lección para adquirir autonomía personal y profesional!  

Te hemos explicado los principios generales de la cultura maker para que puedas evaluar correctamente si las estás aplicando en el aula, pero quizás ya la has aplicado de manera más o menos consciente. ¿Es así? ¡Sigue la filosofía maker y comparte tu experiencia con nosotros para que sigamos aprendiendo juntos!

Si te ha resultado interesante, seguro que te gusta ABP, ¿Aprendizaje basado en problemas o en proyectos? o Gamificación: convierte tu clase en un juego.

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