Cada vez más presente en los centros educativos, “Filosofía para niños” es una propuesta diseñada para hacer filosofía y enseñar a pensar en todas las etapas formativas que nace del proyecto Philosophy for Children (P4C), impulsado a finales de los años sesenta por los filósofos Matthew Lipman y Ann M. Sharp y consolidado en medio centenar de países.

También en el nuestro: a partir de sus principios varios centros en la Red de Centros FpN (Filosofía para Niños) han elaborado programas amplios y sistemáticos. Su principal objetivo es ayudar a los estudiantes a formarse como personas reflexivas, críticas y tolerantes.  

Si cuando somos niños nos hacemos preguntas que después ya no, quizás algo ha fallado en el camino. Esta perspectiva integradora resulta útil para que tus alumnos pongan en marcha habilidades de pensamiento (observar, formular hipótesis, comparar y contrastar…), practiquen el diálogo filosófico y sean capaces de construir una comunidad de investigación con objetivos y valores propios, en la que tu papel se desplaza de la centralidad tradicional al rol de guiar y conducir.

Por eso, más allá de hacer filosofía puedes aprovechar sus herramientas para cualquier otra asignatura. Seguro que algunas de sus ideas pueden enriquecer la dinámica de tu clase y a partir de ellas puedes elaborar dinámicas adaptadas a la realidad de tu aula.

5 Propuestas para hacer filosofía y enseñar a pensar

  • Las reglas de juego

Para empezar es aconsejable consensuar unas “reglas de juego” (normas) para nuestras clases el primer día: si las consensuamos y ellos también han decidido nunca serán una imposición arbitraria. Al encontrarse en un marco normativo cerrado, verás que la respuesta de los alumnos es más entusiasta de lo que crees.

Con los más pequeños también se puede dibujar las normas y hacer un cartel ilustrado con ellas, pero en cualquier etapa es interesante trabajar con metáforas, expresar las normas con símbolos, cuadros o fotografías en un mural, al que nos podemos referir cuando se infrinjan, procurando siempre una formulación en positivo de lo que debemos hacer.

¿Y si surgiera una norma inaceptable? Tienes que generar debate y retarles a que te convenzan: tus alumnos aprenderán que las normas nos las damos las personas para convivir y no son una imposición de las instituciones.

Grupo de niños en sus pupitres de clase con la mano alzada para ilustrar la actividad de hacer filosofía

  • La pizarra filosófica

Se trata de conducir un diálogo filosófico con la ayuda de la pizarra, procurando que la curiosidad surja de los alumnos. Cada uno propondrá un tema para discutir y consensuándolo, valorando cada intervención, debes ir borrando y agrupando temas similares: el objetivo es reducirlos a dos o tres grandes temas.

Pero el proceso –que no olvides, nos importa más que el objetivo– debe comenzar por preguntar: “¿Por qué has escogido (por ejemplo) el juicio moral?” y aprovechar para hablar del rigor en las palabras (“¿Qué quiere decir juicio?”, “¿Cuándo emitimos juicios morales?”…). En el proceso siempre aparecerán minorías que no debemos hacer desaparecer con el voto, sino respetar con el consenso, procurando llegar a una solución común.

  • El lenguaje artístico

Incentivar la traducción de conceptos al lenguaje artístico y viceversa. Esto te permitirá aplicar la reflexión al pensamiento creativo, por ejemplo tras la lectura de un texto: ¿Cuál es la idea principal? ¿Qué nos ha llamado más la atención? Y a partir de ahí, puedes pedir que un pequeño grupo represente teatralmente el tema escogido durante un minuto.

Tras la representación, pregunta: “¿Qué características del tema habéis visto en la representación?”. Incluso puedes continuar añadiendo una imagen relacionada con el tema y preguntar: “¿Qué veis?”, para ir más allá lanzando preguntas y retirándote a conducir el diálogo.

  • El precalentamiento  

Nietzsche decía que detrás de tus pensamientos y sentimientos se encuentra “un sabio desconocido” que es tu cuerpo. ¡No sólo la cabeza va a hacer filosofía, también el cuerpo! Por eso antes de comenzar resulta muy beneficioso dedicar un tiempo a una actividad que lo movilice.

Hay varias dinámicas grupales en este sentido y una muy completa sólo requiere como material un ovillo de lana, rollo de hilo o similar: consiste en que todos se pongan en pie y cada uno vaya pasándose el ovillo o rollo tras su intervención (dar una definición, qué es lo principal que han aprendido hasta ahora…) sin soltar el hilo.  

Cuando todos lo hayan hecho y se haya formado una telaraña podremos añadir una reflexión ética: manteniendo el hilo ligado entre todos visibilizaremos los vínculos invisibles entre nosotros, para ser conscientes de que necesitamos a los otros y los otros necesitan de mi.

Niño pensando y una pizarra de fondo con interrogantes como ejemplo de hacer filosofía

  • El diálogo filosófico

Así se comenzó a hacer filosofía, pero recuerda que el diálogo filosófico no es un debate (que es competitivo e implica adhesión a unas posiciones) ni una conversación (que no requiere ninguna actitud especial). Para fomentarlo y cuidarlo tienes muchos recursos que puedes aplicar en función de las características de la clase.  

Te recomendamos algunos como colocarse en círculo, combinar intervenciones orales con trabajo escrito, fijar los turnos con fichas que se agotan o utilizar “objetos mediadores” que permiten hablar (¡resulta muy eficaz con los pequeños que tengan un objeto en la mano cuando hablan!).   

Como veis, la filosofía es sólo una herramienta (muy potente, eso sí) para poder trabajar competencias transversales de una forma efectiva, que además se pueden adaptar a la educación infantil, primaria y secundaria.   

¿Ya lo has puesto en práctica en el aula? ¡Comparte tus experiencias!

Si te has quedado con ganas de conocer en profundidad más propuestas seguro que disfrutas la lectura de tres expertos respondiendo a ¿Cómo podemos enseñar a pensar en las aulas? o te interesa 5 consejos y 5 actividades para fomentar el pensamiento crítico en el aula.

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