Nos pasamos el curso trabajando métodos y estrategias para que nuestros alumnos aprendan contenidos y competencias. Sin embargo pocas veces nos planteamos cómo enseñar algo tan básico e imprescindible como pensar.

Josep Maria Puig

Josep Maria Puig

Catedrático de Teoría de la Educación de la Universitat de Barcelona

A pensar se aprende pensando. Por tanto, se trata de ofrecer al alumnado numerosas ocasiones de ejercer el pensamiento a propósito de casi cualquier cosa. Como todo lo que requiere un “saber hacer”, a pensar se aprende a través de un ejercicio continuado que nos hace cada vez más capaces y más diestros.

Por este motivo el profesorado debe ser paciente y constante porque no se piensa con profundidad y espíritu crítico desde el primer día. Es una competencia que se adquiere lentamente.

Como hemos dicho se aprende a pensar pensando en múltiples situaciones y sobre variadas temáticas. Por ejemplo, se aprende a pensar al leer y comentar una novela, se aprende a pensar al discutir un dilema moral, se aprende a pensar al resolver un problema matemático, se aprende a pensar al solucionar un conflicto durante una asamblea de clase y se aprende a pensar cuando en silencio reflexionamos y dialogamos con todas las ideas que han llegado a nuestra cabeza. Y se aprende a pensar durante toda la vida, siempre queda espacio de mejora.

 

Gregorio Luri

Gregorio Luri

Filosofo, profesor y divulgador

La primera condición para pensar bien es disponer de un amplio vocabulario y ser riguroso con la sintaxis y las conexiones lógicas.

La segunda condición es adaptar la forma de pensar a las exigencias que nos impone la estructura de la cosa que queremos pensar. Así como no se juega de la misma forma a fútbol que al ajedrez, no se piensa igual en matemáticas que en geografía. Para pensar bien en estas materias hace falta ejercitarse en la resolución de sus problemas específicos. Una asignatura no es otra cosa que la realidad  que solo se hace visible cuando se piensa de una forma determinada. Hay realidades que, por ejemplo, solo se muestran a la persona matemáticamente competente.

La tercera condición es moral: hace falta evitar las formas de razonamiento incorrecto, las falacias, y hace falta confiar más en las personas que conocen la dimensión de nuestra ignorancia mejor que nosotros mismos.

 

Maria Rosa Buxarrais

Maria Rosa Buxarrais

Catedrática de la Facultad de Educación de la Universitat de Barcelona

En primer lugar, el ejemplo que los adultos proporcionamos a nuestros niños. Sabemos que la mayor parte de las conductas y los valores que aprendemos, son fruto de la observación de “referentes” o “modelos” a imitar. Los valores son intangibles que se materializan en conductas.

En segundo lugar, las oportunidades que se ofrecen para poner en práctica estos valores. Los valores se aprenden viviéndolos. Las situaciones de interacción entre iguales en las aulas son una ocasión excelente para su aprendizaje.

También se requiere, en tercer lugar, pensar sobre las conductas que llevamos a cabo fruto de la observación y de las experiencias vividas en las aulas. Para dicho cometido, momentos de reflexión individual y colectiva nos servirán para culminar el proceso de interiorización de dichos valores.

Si quieres saber la opinión de más expertos, te puede interesar cómo trabajar la pasión por las matemáticas o qué tres cosas mejorarías de la educación.

 

Compartir:
FacebookTwitterGoogle+LinkedIn

1 Comentario

  1. 1
    Ruben Tay

    Muy cierto. En nuestras aulas, debemos enseñar a pensar correctamente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *