El pensamiento crítico constituye una de las inquietudes que con mayor interés se debate en los foros académicos, ocupados de los procesos de aprendizaje en los tiempos actuales. En qué consiste y cómo enseñarlo son preguntas en las que investigadores y educadores no se han puesto de acuerdo.

En lo que sí ha habido un consenso es en la necesidad de formar estudiantes más autónomos y creativos en todas las ramas del saber, dotados de habilidades del pensamiento que les permitan relacionarse con los conocimientos y la realidad con un criterio propio y, por lo tanto, más libre.

Lectura y pensamiento crítico

Peter A. Facione define al pensador crítico como “una persona habitualmente inquisitiva; bien informada, que confía en la razón; de mente abierta; flexible; justa cuando se trata de evaluar; honesta cuando confronta sus sesgos personales; prudente al emitir juicios; dispuesta a reconsiderar y si es necesario a retractarse; clara respecto a los problemas o las situaciones que requieren la emisión de un juicio; ordenada cuando se enfrenta a situaciones complejas; diligente en la búsqueda de información relevante; razonable en la selección de criterios; enfocada en preguntar, indagar, investigar; persistente en la búsqueda de resultados tan precisos como las circunstancias y el problema o la situación lo permitan”.

Para obtener importantes resultados en este sentido, es necesario promover entre los estudiantes, mediante la poderosa herramienta de la lectura, espacios de interpretación, análisis, evaluación, explicación y autorregulación desde las primeras etapas escolares.

La comprensión de lectura será siempre el punto de inicio para acceder al pensamiento crítico. No es posible asumir críticamente un texto que forme parte de la realidad si no se ha interpretado del todo bien; esto es, si no se ha reconocido su contenido, su propósito y su sentido global. Llegar al significado es el único camino que permite, siguiendo el modelo dialéctico, tomar la distancia necesaria para calificar su sustancia.

El análisis se debe entender, a su vez, como la posibilidad de examinar las ideas que surgen del objeto de interpretación. El objetivo consiste en identificar y comprender los componentes que integran el texto. Es gracias al análisis que el intérprete logra evidenciar la manera en que todos los elementos se relacionan entre sí.

La evaluación como ejercicio crítico

La evaluación representa, por sí sola, el ejercicio crítico por excelencia, pues con ella se logra una valoración de los enunciados y los argumentos. Es importante recalcar que todo juicio debe estar siempre acompañado de fundamentaciones objetivas, capaces de sustentar las tesis y las apreciaciones subjetivas involucradas en las valoraciones. Es a través de la evaluación que el estudiante da cuenta de su criterio al momento de valorar el contenido o la materialidad de un texto. Esto es, lo que dice y cómo lo dice.

Explicar es comunicar y justificar el razonamiento. No se completa el proceso del pensamiento crítico si no someto a la interpretación de los demás los hechos y las deducciones que soportan mi razonamiento. Este sencillo ejercicio representa la base de la competencia argumentativa, habilidad determinante en el desarrollo del pensamiento y la lectura crítica.

Mediante la autorregulación, el estudiante se enfrenta finalmente a la autoevaluación, momento determinante en el propósito de formar individuos capaces de cuestionar, validar y corregir sus propios razonamientos. Es la culminación del pensamiento crítico en cuanto que el objeto de interpretación, análisis y valoración lo constituyen las mismas conclusiones del sujeto crítico.

¿Qué papel tiene el docente?

El papel del maestro en el propósito de incentivar una lectura crítica del mundo por parte de sus estudiantes es definitivo. Estimular la idea de que toda realidad humana es susceptible de ser mejorada, genera una conciencia que reafirma la confianza y la seguridad en el pensamiento propositivo.

La principal tarea de la escuela es proporcionar herramientas idóneas para pensar de manera libre y honesta, para de este modo, cultivar la convicción, entre los estudiantes, de que sí es posible cambiar el mundo. Entender el pensamiento crítico como un recurso de crecimiento personal, es creer en la necesidad del logro que con mayor urgencia requiere esta y todas las sociedades: que los individuos piensen por sí mismos.

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