Los chicos tienen muchas dificultades en comprender las consignas en el área de Matemática. El siguiente ejercicio fue propuesto en un quinto grado, con chicos de diez años:

Rodea con un círculo el número más pequeño de cada grupo

1. 564 – 12.588 – 236

2. 600 – 2.987 – 1.566

3. 233 – 101 – 8.927

En esta consigna he observado que muchos estudiantes rodean únicamente el número 101. Esto se debe a que probablemente no hayan comprendido qué quiere decir “cada grupo” y simplemente se hayan limitado a buscar el número más pequeño entre todos los que allí se encuentran.

Este modo de resolver el ejercicio me generó muchos interrogantes y me llevó como docente a querer profundizar un poco más respecto a la razón por la cual los niños procedían de esta manera. Es por eso que días más tarde propuse la resolución de la siguiente actividad:

Coloca los números que desees en los casilleros vacíos:

Más de la mitad de los estudiantes completó los espacios vacíos de la siguiente manera:

Luego de reflexionar durante un largo tiempo, arribé a una conclusión: son pocos los chicos que efectivamente leen lo que tienen que hacer y resuelven en consonancia con lo propuesto. Una mayoría estadística utiliza los procedimientos adquiridos e internalizados de años anteriores. En este caso, el detonante que los llevó a resolver de esta manera fue la huella gráfica, el modo en el que el ejercicio fue diseñado.

Es así, que para los estudiantes, una serie de números dispuestos en forma horizontal, escritos a intervalos regulares y separados por casilleros, sólo puede significar que se trata de una escala ascendente o descendente que se debe completar siguiendo un patrón.

Estas construcciones por parte de los niños, me indican que los hemos acostumbrado a ser idóneos en resolver ejercicios pero no en aprender Matemática. Año tras año los hemos “entrenado” en actividades como: “coloca el número anterior y el posterior”, “escribe este número en letras”, “indica mayor, menor o igual”, “descompone el número en unidades, decenas y centenas”, entre otras.

Estamos convencidos que con la suficiente ejercitación (aunque haya que llenar decenas de páginas), los alumnos lograrán finalmente comprender el Sistema de Numeración Decimal y así lograrán tener cierta experticia que les permitirá desenvolverse con soltura en el mundo en el que viven.

Nos estamos equivocando. Necesitamos cambiar el rumbo de un modo urgente. Hoy más que nunca, es preciso que les enseñemos a ejercitar el pensamiento creativo, a leer críticamente, a resolver situaciones reales y contextualizadas, a tener una postura matemática.

Y sobre todas las cosas, debemos convencer a nuestros estudiantes que la Matemática es una ciencia que todos pueden aprender y disfrutar.

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