Políticos y periodistas miran los rankings de esta prueba como si se tratara de una competición deportiva, en lugar de realizar un análisis profundo y sistemático del informe. Les preocupa más compararse con otros países, celebrar mejoras, criticar fracasos, justificar políticas educativas no consensuadas con la comunidad educativa… Pero no deberíamos confundir los resultados de PISA con la evaluación de un sistema educativo, que es una tarea mucho más compleja.

Negar que PISA es un instrumento muy potente para analizar los sistemas educativos es tan absurdo como negarse a ver sus limitaciones. PISA evalúa tres competencias: matemática, ciencias y comprensión lectora… pero deja de lado otras competencias fundamentales para entender la educación de nuestros tiempos: artística, digital, cívica, emprendedora…

PISA puede tener una incidencia muy positiva en nuestras escuelas ya que, entre otras cosas, propone:

  • Enseñanza más interactiva.
  • Reducción de la repetición y la memorización mecánica de los contenidos.
  • Ejercicios en contextos reales: resolución de problemas.
  • Comprensión lectora en todas las asignaturas.

Para evaluar un sistema educativo metódica y eficazmente debemos tener muy clara la respuesta a esta pregunta: ¿Qué es lo que queremos que aprendan nuestros alumnos?

El principal peligro de tener a PISA como único referente para evaluar los sistemas educativos es fomentar una competencia “ridícula” entre centros educativos, entre regiones, entre Estados… para conseguir alcanzar mejores resultados. Esto puede convertir la educación en un teaching to the test, es decir, en una preparación para realizar los test de PISA.

Para mejorar la calidad de la educación en nuestros países es necesario que seamos valientes y optemos por un cambio de paradigma educativo. Es necesario que nuestra forma de enseñar dé respuesta a las necesidades de los alumnos del siglo XXI: esa es la mejor forma de mejorar nuestros resultados en PISA y en cualquier tipo de evaluación a la que se sometan nuestros sistemas educativos. Los principios en los que debemos basar la educación son:

  • Aprendizaje competencial, aplicabilidad de los contenidos y no memorización mecánica.
  • Educación en valores.
  • Aprendizaje cooperativo. Compartir como verbo principal del aprendizaje.
  • Creatividad e iniciativa emprendedora.
  • Tecnologías de la información y la comunicación (TIC).

Vivimos en la sociedad del “aquí te pillo, aquí te mato”, con el grado de violencia y agresividad que ello conlleva. Vivimos en un mundo en el que el pasado cada vez llega antes: nada permanece demasiado tiempo, nada perdura. La seducción de lo inmediato, elcarpe diem, el solo vale el ahora… mueve nuestros actos. El pasado se desprecia y el futuro no existe. Cuando un electrodoméstico se estropea, se cambia; cuando un calcetín se rompe no se zurce, se compra otro… Las cosas no se arreglan: se abandonan, se sustituyen, no se les da una segunda oportunidad.

La educación no es una excepción, también vive bajo la tiranía de lo fugaz. Cada vez se da más importancia al ahora y menos a la paciencia y a la perseverancia. Lo que antes requería de un gran esfuerzo íntimo, como hacer un complejo cálculo matemático, hoy se puede conseguir por medio de aparatos electrónicos con un mínimo gasto de esfuerzo y tiempo.

Se da más importancia al camino a recorrer que al destino final. Como en el arte, ya no se buscan obras que perduren en el tiempo, sino obras frugales, itinerantes, cambiantes. No nos interesa llenar de datos la cabeza de nuestros alumnos, sino que se trata de dotar a estos de las capacidades, de las competencias que les permitan manejarlos.

La educación ya no se adquiere durante un periodo de tiempo determinado, sino que, para que sea eficaz, debe durar toda la vida. Es por ello que el saber ya no se aprende, se actualiza. El saber, dada la cantidad de información que se maneja en el mundo digital, se presenta a veces como una gran marea, a veces como un tsunami. Nuestra labor es la de dotar a los alumnos de “filtros” que les permitan discriminar la información importante de la irrelevante, equiparles de salvavidas que los mantengan a flote en la marea del exceso de información, que les permitan sobrevivir en un mundo cada vez más cambiante.

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