Algunos expertos se han referido a la programación como el inglés del siglo XXI. Una sencilla comparación que deja clara su importancia en un futuro nada lejano. Entonces, ¿por qué esperar? ¡Cuanto antes se empiece a programar, mucho mejor!

Con solo tres años los niños y niñas ya pueden aprender las bases de la programación. Robots como Cubetto permiten hacerlo, además, sin pantallas y aplicando la filosofía Montessori. Pero, ¿qué habilidades se desarrollan?

  • Convierte los problemas en retos

Programar consiste en solucionar un problema para conseguir un objetivo mediante la consecución de instrucciones. De una forma divertida, y normalmente en equipo, deben analizar el problema, decidir cómo solucionarlo, ponerlo en práctica, comprobar que funcione y si no funciona rectificar.

La resolución de problemas y el trabajo en equipo serán claves para su desarrollo. Y además, desarrollan el pensamiento computacional que permite estructurar y ordenar las ideas mientras resuelven las dificultades que se van encontrando.

  • Fomenta el autoaprendizaje

En la programación y trabajo con robots como Dash & Dot, el alumno está en el centro claro de aprendizaje. Gracias al método ensayo-error se adquieren conceptos de una forma imperceptible pero motivadora. En este caso, lo importante es entender para aplicar, saber qué nos dicen los datos y cómo aplicamos el pensamiento lógico para conseguir el objetivo.

Además interactuar con las nuevas tecnologías no significa saber utilizarlas. Gracias a la programación entienden su uso y las aplican a conciencia.

  • Desarrolla múltiples competencias

El vocabulario técnico y la precisión necesaria para ejecutar instrucciones favorecen la comunicación lingüística. Los cálculos numéricos y la aplicación de la lógica desarrolla las matemáticas.

Interactúan con el mundo físico que les rodea gestionando información en un entorno digital. A ciertas edades, la programación puede tener un uso social sin límites a la creatividad y a la iniciativa personal.

  • Un aprendizaje de futuro

La tecnología avanza a un ritmo frenético, por eso es imposible predecir qué pasará dentro de 20 años. Para lo que sí podemos empezar a preparar a los adultos del futuro es a ser creadores de tecnología y no solo consumidores.

Empezar a programar a edades tempranas puede despertar en los más pequeños el interés. Y aunque su futuro pase por profesiones no tecnológicas nadie les quitarás las habilidades que han aprendido, aplicables a distintos ámbitos de la vida.

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